Política

Previsión

enero 11, 2020

El lamentabilísimo suceso del Colegio Cervantes en Torreón, Coahuila, debería significar una alarmante señal para todas las autoridades, dadas sus similitudes con otros eventos parecidos en los Estados Unidos, donde las balaceras y asesinatos masivos cometidos por alumnos y menores de edad son el más claro signo de la descomposición social que vive aquel país.

Si bien en comparación tales acontecimientos aún resultan extraños y escasos en México, es obvio que este tipo de conductas anormales no tienen fronteras, y aunque la inmensa mayoría están asociadas con padecimientos sociales, abusos en contra de los menores, influencia de los medios y familias disfuncionales, los medios se han apurado en destacar una supuesta distorsión en la mente de los menores por el uso desmedido de videojuegos extremadamente violentos y que hacen parecer que el uso de armamentos de toda clase es un asunto común.

Hasta el momento, los únicos indicios que han presentado los medios respecto de los motivos del ataque no parecen originarse en un comportamiento asociado a una disfuncionalidad en las relaciones sociales y familiares del atacante; más bien parecen asentarse en la influencia que al respecto tuvo en la mente infantil, la utilización desmedida de algunos videojuegos que hacen de la violencia y los asesinatos un motivo de éxito o meta por alcanzarse.

Éste es un tema que requiere de un análisis más profundo pues, en sentido contrario a establecer en la afición a los videojuegos el detonador de una conducta tan antinatural, se pude argumentar también que son cientos de millones los niños que habitualmente los utilizan y que no reproducen tales comportamientos hiperviolentos.

Al margen de lo anterior, resulta pertinente el recordatorio a los medios masivos, en especial a los virtuales y electrónicos, acerca del uso mesurado que debe hacerse de las imágenes en donde aparezcan menores de edad en situaciones delictivas. Ya se ha establecido como una regla que se reserve la identidad de los menores y se preserven sus datos personales, situación que no se observó en el caso mencionado.

Por lo pronto, el caso del Colegio Cervantes recalca la necesidad de que se establezcan controles más exhaustivos y rigurosos –claro está, cuidando los derechos más elementales de los alumnos–, en lo que se refiere a vigilar las mochilas y útiles escolares con los que acuden a la escuela, sin olvidar que de manera preponderante, el mayor acto de previsión es aquel en el que se refuerza la unidad y cohesión familiar. La prevención puede ayudar mucho.