Política

Incendios, temblores, inundaciones, volcanes, guerra

enero 09, 2020

Australia se quema, Indonesia se inunda, terremotos en Canadá y Puerto Rico, Irán proclama muerte para EU y con ello la amenaza de la Tercera Guerra Mundial, nubes premonitorias de terremotos aparecen en el cielo de la Ciudad de México, el koala es proclamado casi extinto por los incendios en Australia, cae una bola de fuego al océano, no sé sabe de dónde cayo, avión con 180 pasajeros en se estrella en Irán, ni uno sobrevivió.

Apenas van 9 días del año 2020.

El 2020 empieza agitado y admonitorio. Desde finales del 2019 el país más grande de Oceanía, Australia, es azotado por el fuego que arrasa con todo lo que encuentra a su paso: flora, fauna, edificaciones y vidas humanas. Los incendios forestales en Australia han matado más de 500 millones de ejemplares animales y una treintena de personas. Nueva Gales del Sur es la zona más afectada, con más de 3 millones de hectáreas arrasadas y son casi 6 millones en todo el país.

Al menos tres temblores de magnitud 6.0 han sacudido Puerto Rico en lo que va del 2020. Hace un par de días, el 7 de enero, se registró un sismo magnitud 6.4, el más fuerte en más de 100 años. Los saldos preliminares hablan de una persona muerta, múltiples casas dañadas, apagones en toda la isla y la destrucción de una de las maravillas naturales llamada "La Ventana al Caribe".

En Alaska se suscitó en los primeros minutos del 7 de enero la erupción del volcán Shishaldin, su nube de cenizas alcanzó más de 8 kilómetros de altura. Por esta razón, el Observatorio de Volcanes de aquel territorio elevó su nivel de alerta al máximo, con presencia de lava activa en la cumbre de la formación natural.

El planeta parece haber puesto a un lado su paciencia y protesta con incendios, inundaciones y erupciones de proporciones bíblicas.

Si algo faltara, el inestable presidente norteamericano lanza un ataque al polvorín de Medio Oriente; asesina con ello a un importante general. Irán lanza un ataque contra instalaciones norteamericanas, lo justifica como legítima respuesta proporcional y desescala la posible confrontación directa.

En tiempos electorales esto será determinante y demostrará si sus críticos tenían la razón al juzgarlo como un mandatario impulsivo e inestable. El tema es sustantivo para el planeta y para el país, dada la incómoda vecindad.

Durante tres años, los detractores del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, han manifestado sus inquietudes sobre la manera en que manejaría una crisis internacional real. Advertían podría extralimitarse y, con ello, tener consecuencias inquietantes.

Un senador demócrata del estado de Connecticut, Christopher Murphy, escribió el fin de semana en Twitter: "Probablemente haya llegado el momento que todos temíamos", "Un presidente inestable que se ve rebasado por la situación y entra en pánico cuando ya todos sus asesores experimentados han renunciado y sólo quedan los principiantes que lo adulan. Asesinar a líderes extranjeros, anunciar planes de bombardear a los civiles. Una pesadilla".

Los asesores y los aliados de Trump descalificaron la crítica como el inevitable contragolpe partidista de los adversarios políticos que son demasiado tímidos como para tomar medidas contundentes contra los enemigos extranjeros, que durante años han tenido en la mira a Estados Unidos y se han salido con la suya. Y, además, algunos de los principales colaboradores de Trump apostaban a que la respuesta de Irán fuera menos seria de lo esperable.

"Puede ser que haya un poco de ruido aquí, mientras los iraníes deciden responder", dijo el secretario de Estado, Mike Pompeo, el domingo 5 de enero durante el programa de la NBC, Meet the Press. Ese día, apareció en los cinco programas de noticias más importantes en la televisión estadounidense. "Espero que eso no suceda. Si lo hacen, el presidente Trump ha dicho de manera muy clara cómo reaccionaremos: nuestra respuesta será contundente y enérgica".

Pero el efecto del ataque con dron que mató al general comandante de las fuerzas de élite de seguridad e inteligencia de Irán se desarrollaba con rapidez el domingo 5 de enero. El parlamento iraquí aprobó una moción para expulsar a las fuerzas estadounidenses del país por violar su soberanía. Irán declaró que iba a hacer caso omiso de algunas restricciones a su programa nuclear. Y el ejército de Estados Unidos detuvo las operaciones contra el Estado Islámico para concentrarse en la defensa de posibles represalias.

El resultado es una situación volátil inédita en muchos años que desafiará a un comandante en jefe instintivo, ignorante, belicoso y nada experimentado. El presidente estadounidense tendrá que transitar por un periodo complicado y peligroso sin cometer el tipo de errores de los que acusó a sus predecesores de haber cometido. Además, enfrenta un gran escepticismo por parte de sus detractores, quienes, desde hace tiempo, han advertido que era demasiado impredecible para enfrentar momentos de crisis.

Hay quien cree que el carácter impredecible de Trump será suficiente para disuadir a los iraníes de responder, argumentan que quizás el asesinato de Soleimani había sido tan osado e impactante para los dirigentes de Irán, que tendrán cuidado de no provocar a un presidente estadounidense que a todas luces está dispuesto a intensificar sus acciones como no lo estuvieron sus predecesores.

Trump y su cáfila de halcones improvisados e ignorantes suponen que las manifestaciones masivas en Medio Oriente y los llamamientos a tomar represalias no son más que "un poco de ruido", Pompeo dixit. Al fin y al cabo la votación parlamentaria de Irak para obligar a las fuerzas de Estados Unidos a salir del país no fue vinculante, y tal vez el gobierno provisional no la concrete, aunque sólo sea para mantener una protección contra el predominio iraní. Incluso cuando Teherán juró continuar con su programa nuclear, mantuvo sus opciones abiertas al no expulsar a los inspectores internacionales.

Son apuestas muy riesgosas donde hay mucho en juego. Si no una guerra apocalíptica, sí un periodo de inestabilidad que reviente toda posibilidad de salir pacíficamente y medianamente enteros de la primera década del siglo XXI.