Política

Falsarios

enero 07, 2020

Hasta hace un año Veracruz había sido gobernado por una cáfila de sátrapas depredadores que dejaron al estado en condiciones deplorables, sembrado de los cadáveres de una guerra estúpida que aún no termina; pese a sus estertores ni el estado ni en resto del país se apaciguan. Lo mismo pasa con la expresión macabra del enfermizo patriarcado que rige al sistema, los feminicidios y las desapariciones.

Hace apenas un par de días el respetable asistió pasmado a la posibilidad de que el ex gobernador Javier Duarte diera cumplimiento a su condena en arresto domiciliario. La aberración fue parada en seco por la resolución de un juez, pero el asunto ilustra el nivel de operación legal y legaloide del propio sistema para garantizar la impunidad de los suyos. Tanto cacareo del ex gobernador Yunes sobre su fantasiosa participación en el armado de las acusaciones contra su predecesor, tanta espada flamígera en sus discursos encendidos contra la corrupción del priista Duarte, gobernador delfín del sistema; tanta conspiración joditiva sobre su fiscal heredado, tanta amenaza de vigilar al nuevo gobierno desde la Fiscalía General del Estado (FGE) para que ahora venga a revelarse que durante por lo menos los ocho años de sus gobiernos letales, las cifras sobre muertes y desapariciones fueron ocultadas.

El Estado mexicano y el estado de Veracruz fueron gobernados durante doce años por funcionarios de muy mala ralea a quienes los gobernados y su dolor por la pérdida de alguien querido no sólo les tenía sin cuidado, sino que mentían respecto a la dimensión y gravedad del problema. No es nada difícil suponer que eso haya sido uno de los tantos motivos de la intención de Miguel Ángel Yunes para heredar a un hombre de su confianza en la FGE.

Largaron al fiscal Jorge Winckler Ortiz. Enhorabuena. Pero no puede quedar sólo en eso si es que el gobierno quiere dejar buena huella en el ánimo de los gobernados víctimas de engaño.