Política

Un mundo injusto

enero 04, 2020

De vivir en un mundo más justo, democrático y liberal, Julian Assange sería un héroe, recibido donde quiera se parara con altos honores en reconocimiento a su valor personal para destapar la sucia manera en que los Estados Unidos y sus aliados militares y económicos, intervienen para proteger sus intereses sin ninguna restricción en cualquier nación del planeta. Por el contrario, Julian Assange pasa hoy por una peligrosísima y lamentable situación no sólo porque su vida se encuentra en peligro, atrapado en las garras del servicio de inteligencia británico-estadunidense que no le perdonarán nunca la filtración de documentos internos, los cientos de cables de Wikileaks, que pusieron en la esfera pública lo que ya se sabía: que esa nación actúa de forma criminal asesinando a sus opositores, maneja un doble discurso y mantenía, en el caso del gobierno de Felipe Calderón, una conjunción de miras a entorpecer el avance de la oposición política que en ese tiempo encabezaba López Obrador.

Entre las nueve revelaciones que el británico entregó a La Jornada, resalta la petición a Washington del cardenal Juan Sandoval Íñiguez para frenar el avance de Andrés Manuel López Obrador en 2006. Lo anterior según el cable 06VATICAN61 de Wikileaks, redactado por la embajada de Estados Unidos en el Vaticano.

Según la representación estadounidense, a Sandoval Íñiguez le preocupaba el avance de la izquierda en Latinoamérica, y señaló su inquietud por el aumento del "poder de Fidel Castro, Hugo Chávez, Evo Morales, Néstor Kirchner, Michelle Bachelet y López Obrador".

El prelado se reunió en Roma el 28 de marzo de 2006 con Francis Rooney, embajador de Estados Unidos en el Vaticano, cartera que ocupó de 2005 a 2008, y ahí le dijo que el avance de la izquierda representaba una tendencia peligrosa, según el relato de La Jornada. La inquietud del cura cobra hoy renovado interés cuando se aprecia en el discurso antilopezobradorista actual los mismos argumentos que –en su momento –cuando el tabasqueño ocupaba la jefatura del gobierno del DF–, esgrimieron sus adversarios sobre el incremento del crimen y la violencia en la Ciudad de México.

La embestida del ala conservadora de la Iglesia y sus representados da cuenta también de otra relevante coincidencia: el embajador concordó con la importancia del mensaje, y agregó que durante una visita al Vaticano el entonces subsecretario de Estado, Thomas A. Shannon –ahora embajador de Estados Unidos en Brasil–, ya había tratado el tema de la ola izquierdista latinoamericana. Y remata: "Los cardenales sienten que los pobres de Latinoamérica no entienden los beneficios potenciales que les puede traer el mercado libre, por lo que apremiaron al gobierno de Estados Unidos a ayudar (a concretar tratados de libre comercio), reconociendo que la Iglesia, aunque cautelosa, también puede jugar un papel más importante en la materia, resume el texto difundido por Wikileaks".

Ahí estaba claro el germen del pensamiento derechista que hoy, sin tapujos y obligado por sus circunstancias como oposición desacreditada y disminuida, emprende de la mano de la Iglesia conservadora, una guerra que pretende frenar, otra vez, el avance del pensamiento liberal, aquel que Assange impulsó con su valiente decisión.