Política

Falanges: la política de género entre la inexistencia y el cliché

diciembre 13, 2019

La política pública de género tiene su fundamento legal en el Artículo 1º, 4º y 133 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y en tratados internacionales en materia derechos e igualdad sustantiva, y se motiva en los hechos de discriminación y violencia de género, esto último es un fenómeno complejo y recurrente, que va más allá de las cifras oficiales de feminicidios, estadística de la percepción de violencias y de clichés de género.

Tanto en los tres poderes: Ejecutivo, Judicial y Legislativo, como en los tres niveles de gobierno se ha llevado a cabo acciones cosméticas, discriminatorias e ineficientes disfrazadas de acciones afirmativas, que han servido sólo para ampliar la nómina pública y que flagrantemente incurren en plena opacidad, violando la progresividad de los derechos humanos y lo establecido en la Ley General de Transparencia y Acceso a la Información Pública, trasgrediendo el derecho humano a la información pública; han servido para hacer actos de propaganda personal.

Tales son los casos de los institutos de la Mujer, que lejos de ser acciones afirmativas son elefantes blancos inútiles, opacos e intrascendentes. Las unidades de género de las entidades públicas que son acciones cosméticas inútiles ante casos de acoso sexual y laboral. Las leyes, como la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, son discriminatorias de varones. Lo que se requiere es una ley para el acceso a una vida libre de violencia para todos sin discriminación, hay que reconocer que histórica y actualmente muchas mujeres han sido discriminadas y vejadas. La creación del tipo penal de feminicidio es un error legislativo, porque hay también homicidios por motivos de orientaciones sexual o por ser hombre, estos son delitos de odio, por ello lo que se requiriere son especificaciones de los agravantes del homicidio, no otro tipo penal. El punto de un lenguaje incluyente es correcto, pues rompe con los usos sexistas del mismo, pero se incurre con frecuencias en galimatías y el problema no está en el lenguaje, sino en los hechos. ¿Acaso esto no es una política de moñitos naranja? Peor aún, el problema de las brechas y las violencias de género continúan aumentando. Como es evidente, se está frente a clichés y política ficción.

Hay acciones afirmativas como espacios para lactarios, los vagones del metro exclusivos para mujeres en la Ciudad de México, pertinentes en el escenario actual. Hay funcionarias y funcionarios públicos dentro y fuera de los institutos de la Mujer y de las unidades de género que son personas comprometidas con la igualdad sustantiva, pero son muy, pero muy pocas, la gran mayoría confunde género con feminismo y éste con misandria. El feminismo no debe ser una política pública de género o el fundamento de ésta, sino la igualdad sustantiva en términos constitucionales.

El fracaso de las políticas públicas de género de los tres poderes y en los tres niveles de gobierno tiene que ver con: 1) La omisión estatal a la no discriminación, 2) En ver al problema de las violencias de género de forma parcial y simplistas, con un disfuncional enfoque de feminismos anquilosados, con frecuencia de misandria, 3) Con pagos de cuotas a grupos políticos creándoles instituciones a modo, sin visión de Estado; 4) Acciones cosméticas y en política ficción basadas en el cliché del patriarcado y machismo. Esto genera una violación sistemática de derechos humanos, pues de hecho no hay una vida libre de violencias de género, los delitos dolosos de este tipo continúan aumentando y los gobiernos siguen en omisión.

En un contexto nacional de: 1) Continua pauperización social y económica, con casi 50 millones de pobres, 2) Impunidad y continua violación al Estado de Derecho, 3) Ineficiencia para contener y reducir las violencias género, 4) Más discursos/acciones segregacionistas por parte de funcionarios públicos de las instancias con el tema en cuestión. De esta forma se ha terminado por incrementar la polarización social; siendo esto el caldo de cultivo de la violencia social de género. En este sentido el gobierno no sólo es omiso en el tema de violencia de género sino que también, deriva políticas cosméticas que han incrementado la violencia social. Esto explica en parte los reclamos de los movimientos feministas, pero no justifica los actos delictivos flagrantes que el Estado continua propiciado y permitiendo.

La igualdad sustantiva asumida en términos constitucionales y entendida como: progresividad de derechos humanos, dignidad y no discriminación por motivo de género tiene su fundamento en el bloque de constitucionalidad invocado arriba. Una política pública de género debe propiciar espacios plurales y democráticos para el debate público, así como generar instituciones en aras de la erradicación de las violencias, las discriminaciones y los homicidios por motivo de género; y acciones específicas para reducir las brechas de género, fomentar la cultura de la legalidad y la civilidad.

El diseño de una política pública de género remite al marco legal invocado, a la articulación intersectorial e intersecretarial, no se trata de hacer acciones aisladas, sino de tener proyectos no programas; de articulación y concurrencia de acciones institucionales para la contención, disminución y eliminación gradual de los problemas de las brechas y violencias de género, con vinculación social y ciudadana efectiva, no cosmética, pero ¿usted cree que esto lo entiende o les importa a los gobiernos? En fin, ¿usted qué piensa? ■

lmaury_cruz@hotmail.com