Política

POR AMOR AL ARTE: ¿Un Cambio?

diciembre 10, 2019

Estaba por demás decirlo, pero Artemio se armó de valor y con la cara desencajada de enojo le reclamaría a Vidal.

Ya era tiempo de un cambio y más en la anhelada transformación.

Lo que Artemio no entendía es que la transformación no significaba "mejorar", era un supuesto cambio más y el peligro latente era que la apuesta electoral también pudiera ser para mal.

Vidal llegaba al cargo supremo de la nada, sin experiencia y sin tablas para afrontar la responsabilidad que tomaba; un golpe de suerte, el hartazgo de la gente lo habían llevado a ganar, pero el eslogan de campaña, solo fue eso una simple frase que en la confusión popular parecía beneficiar.

Artemio no consideró que una persona con suerte no contemplaría para asumir cargos a las personas más capaces, a los mejores perfiles y mucho menos a las más preparadas.

Artemio solo se dejo guiar porque le prometieron un cambio, pero este nunca llegó.

Vidal ni siquiera entendió a que se refería la transformación.

Todos por sentido común consideramos que desde la antigüedad, las civilizaciones han contado con los mejores perfiles, trayectoria y experiencia para ocupar los cargos que beneficien a la sociedad; sin embargo, nos encontramos ante administraciones que privilegian el compadrazgo, el dedazo, el amiguísimo, y esto no espantaría a nadie, solo que la promesa del cambio nunca se dio.

La ironía de la vida, Artemio con un excelente curriculum, más de veinte años en la institución, con grados académicos y con una trayectoria intachable había sido rebasado por un empleado que teniendo dos semanas de haber ingresado, se encontraba ahora en un puesto de alto rango sin merecimiento alguno, sin trayectoria, con escasa escolaridad, y con dudoso desempeño en encargos.

Vidal decide nombrar a Eustaquio como el secretario, un amigo de parrandas, sin oficio ni beneficio, un ser obscuro, acusado en muchas ocaciones por acoso, por dejar el trabajo a medias, por inasistencias y por presentarse en estado de ebriedad casi todos los días y que su mayor mérito es invitar las rondas de tequila a Vidal.

Con su secundaria inconclusa Eustaquio es el nuevo y flamante secretario, ante la Maestria y el Doctorado de Artemio y los años dedicados a la institución.

Vidal presenta a Eustaquio a los empleados, que sorprendidos de la designación de ambos se quedan absortos; no entienden que sucede en el mundo, que sucede con los dirigentes, que sucede con esta forma de gobernar y de trabajar, se preguntan de donde salieron estas personas y porque dejó de ser el referente de escoger a los mejores, ahora parece que el sacrificio, la dedicación, el buen desempeño, el estudio, los buenos hábitos, la moral y la ética no les importa a los de arriba, ahora parece que las cosas funcionan al revés.

Vidal les dice a todos y en especial a Artemio: ¡¡¡Desde hoy obedecerán a Eustaquio!!!

Con la cara roja de enojo Artemio se envalentona y dice a Vidal: ¡¡¡Como usted diga Jefe!!!

Hagamos juntos una verdadera transformación.

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