Política

Antisistémicas

diciembre 02, 2019

Hace tres semanas del estallido social que ha puesto a Chile en vilo, decenas de miles de personas se han movilizado y volvieron a hacerlo nuevamente el viernes pasado, para mostrar la fuerza del músculo inconforme con el orden legal de la herencia fascista impuesta por Pinochet. Lo que empezó como una protesta por el alza del transporte se ha convertido en una sociedad en movimiento contra el Estado neoliberal y autoritario.

Ahora 75 mil personas –según cifra oficial– se congregaron en la plaza pública para refrendar sus exigencias de reformas al gobierno y la renuncia del presidente Sebastián Piñera.

Pero también miles de personas se manifestaron en Viña del Mar, Valparaíso, La Serena, Concepción y Coquimbo. La actitud de los inconformes es pacífica pero la policía ha buscado el enfrentamiento con el propósito de causar daño. Balas de goma antidisturbios disparadas a la cara de la masa inerme. Varios jóvenes menores de 30 años perdieron uno o los dos ojos. La fuerza de la saña de un gobierno mediocre, subsumido al poder del interés neoliberal.

Cánticos, carteles y los cacerolazos en la llamada "Marcha más grande de Chile 3", que buscaba reunir a una multitud similar a la del 25 de octubre. "Esta va a ser la marcha más larga de la historia y no por su longitud, sino porque no vamos a abandonar las calles. El pueblo de Chile está cansado", las palabras de un obrero de 62 años, dichas al corresponsal de la agencia Efe.

En Ecuador, desde septiembre hay protestas y movilizaciones de inconformes, que desde el 2 hasta el 13 de octubre, tras el anuncio de medidas económicas por parte del gobierno de Lenin Moreno, se alzaron en una ola de protestas a nivel nacional e internacional. En Bolivia un golpe de Estado caricaturesco y trágico que reedita las mejores tradiciones golpistas de la guerra fría de los años 70.

El pacto de complicidades neoliberal se duele de la eventualidad de nacionalista del interés público por encima de las plutocracias. La protagonista, una mestiza vergonzante y teñida que apela a la religión, al clero y a los militares para controlar e imponer su orden depredador. Un cuadro de risa loca y labios pintados.

América Latina se revuelve sobre sí misma en protestas que evidencian un descontento popular que no hace diferencia entre territorios ni personas. Tal como el neoliberalismo. Las élites empresariales y políticas han decidido apretar las tuercas justo cuando en el país, éste país, da un viraje antisistémico y elige a un gobernante antisistémico, antineoliberal, que impulsa y dirige la construcción, el restablecimiento mejor dicho, del Estado benefactor que se hace responsable de compensar los desequilibrios de ingreso y de oportunidades. Mientras se evidencia el creciente descontento popular que no parece diferenciar territorios e ideologías, los organismos financieros multilaterales han dejado durante las últimas décadas un recuerdo amargo en varios países de la región por la naturaleza de sus exigencias económicas. El más reciente de estos casos se vivió estos días en Ecuador, donde la eliminación del subsidio a los combustibles por parte del gobierno –tras haber alcanzado un acuerdo con el FMI– ocasionó una ola de violentas manifestaciones que llevaron al presidente Lenin Moreno a declarar el estado de excepción e, incluso, a mudar la sede del Ejecutivo de Quito a Guayaquil.

No sería difícil pensar en una súbita intolerancia reactiva a los gobiernos serviles de la idea neoliberal. Cosa harto alentadora.

México le ha dado ya la vuelta al dilema, hay un gobierno que pone el interés público mayoritario por delante. Pero son tiempos agitados y los gobernados tienen la invaluable responsabilidad de defender el cambio que eligieron.responsabilidad de defender el cambio que eligieron.