Política

Dos viejas costumbres

noviembre 26, 2019

La marcha por la conmemoración del Día Internacional de Eliminación de la Violencia contra las Mujeres trascendió más allá de la propia naturaleza del evento –de particular notabilidad en el estado, dado que en el transcurso del 2019 hay cifras que reportan 180 feminicidios, 207 delitos contra la libertad y seguridad sexual, 65 agresiones sexuales, y más de 100 casos de acoso y hostigamiento sexual–, al poner en evidencia dos circunstancias presentes que parecen provenir del pasado inmediato, y que deben servir de referencia negativa para la construcción de una nueva forma de convivencia ciudadana y modo de hacer política que propugna en una de sus vertientes la 4T.

Como en todo el país, en la entidad hubo marchas de veracruzanas para protestar contra la violencia de género. A la par de la manifestación formal para exigir un mayor compromiso del Estado en ese tema, un grupo de mujeres encapuchadas que parecen pertenecer a esos incógnitos grupos autodenominados anarquistas, y que sólo aparecen en esta clase de eventos con el aparente propósito de "meter ruido", agredir a periodistas y mirones, y hacer pintas sin reivindicación alguna, parecen tener una agenda propia sin anclaje social y con propósitos indistinguibles.

Como es su costumbre, en la marcha de ayer trataron de evitar a toda costa que reporteros y fotógrafos se acercaran para cubrir esa movilización; incluso hubo un momento dentro de la protesta en que las agresiones a personal de los medios de comunicación llegaron a la violencia, cuando les aventaron los teléfonos y engrudo. Una de las encapuchadas, incluso, amenazó con un tolete a un reportero.

Poco parece importarles los posicionamientos políticos como fue el caso de ayer con la exigencia al gobierno del estado de atender las medidas de emergencia, así como las de a mediano y largo plazos establecidas en las dos alertas por violencia de género, o la solicitud de reformar el Código Penal para ampliar el tiempo y las causales para acceder a la interrupción legal del embarazo, como señaló la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim).

Por el otro lado, la vieja costumbre de los aparatos de "inteligencia" del gobierno estatal de fotografiar hasta el acoso a los manifestantes, obteniendo registros fotográficos de los líderes y participantes de las marchas con objetivos entendibles desde una lógica tradicional, que ve en los movimientos sociales un adversario, pero que al final de cuentas se convierten en meros registros que abonan en fichas especiales para identificar a "inconformes" sociales y políticos, tal y como actuó personal de la Secretaría de Gobierno.

Ambas conductas, aparentemente contradictorias pero confluyentes en sus propósitos, advierten que el camino a la construcción de una nueva normalidad social aún es largo.