Política

Tiempo peligroso

noviembre 14, 2019

El editorial de ayer de La Jornada Veracruz abordaba el tema del golpe contra Evo Morales, se dijo que el presidente norteamericano no ha dado nunca muestras de estar ocupado de la agenda subcontinental latinoamericana. Que el golpe parecía más bien provenir de intereses corporativos interesado en materiales estratégicos, en donde la por siglos vapuleada Bolivia era rica.

El ex presidente uruguayo José Mújica mencionó explícitamente al litio como la materia prima en la que la industria de la telefonía móvil tiene especial interés, porque de esa materia depende la eficacia de la cuarta y quinta generación tecnológica.

El país andino tiene la friolera de una reserva de 21 millones de toneladas de litio. La política nacionalista y de defensa de la calidad de vida de los empobrecidos bolivianos, especialmente los indígenas aymara.

Bolivia padece en su sociedad criolla reflejos profundamente racistas. Basta con ver al personaje Luis Fernando Camacho con el rosario en ristre proclamar que Bolivia era cristiana y condenar la Pachamama. Hay un profundo oscurantismo medieval en alguien que condena la veneración y reconocimiento al planeta que es el sustento mismo de la vida que la condena. Reconocer al planeta, a la tierra, como madre no tiene que ver tanto con religiosidades como con un acto primigenio de conciencia básica de una relación de la que somos –como especie y como eres individuales– absolutamente dependientes.

Al capital corporativo le tiene sin cuidado si se venera o no a la Pachamama mientras no joda nadie con su acceso barato, muy barato, a la materia prima de su interés. No es el caso, Evo Morales dedicó sus tres períodos de gobierno anteriores a mejorar los costos de transacción de su pueblo con ese tipo de corporativos.

Pero más allá de las particularidades que explican el caso boliviano, hay un muy inquietante regreso de condiciones extremas y polarizaciones hacia la derecha dispuestas a parar en seco los "peligros" del rechazo de los gobernados al modelo que la arruinado a cientos de millones de personas en el mundo y del que parecen salir los engaños de la lógica neoliberal. La estúpida falacia de que para repartir riqueza primero hay que crearla, acumularla y luego, eventualmente, distribuirla. La riqueza se distribuye horizontalmente en la medida que se crea, es eso lo que reanima las economías.

Las oligocracias latinoamericanas, incapaces de desarrollar economías y modelos propios, se consolidaron históricamente dependientes de las tecnologías de los países desarrollados. En ello influyeron no pocas veces presiones explicitas para cooptar, desviar o parar los desarrollos tecnológicos de los países periféricos. Lumpenburguesía, le llamaron. Algo de lo que en México sabemos bastante.

La ofensiva es general en el continente y recuerda peligrosamente la década de los 70, las guerras sucias en Colombia, Guatemala, México, Argentina, Chile, Brasil, Uruguay. Los años 70 fueron el preludio donde se sentaron las bases de lo que sería el modelo actual neoliberal. Fue en los 70 cuando se abandonaron los acuerdos monetarios de Bretton Woods que estabilizaban la economía y las transacciones mundiales sobre la base de un referencial común y estable, el oro. El dólar y el oro tenían paridad. Esos acuerdos fueron al base de la explosión de prosperidad que siguió a la segunda guerra mundial. Se abandonaron en 71, durante la administración Nixon. El abandono del patrón oro alentó la monetización de la economía y el anatosismo (la generación de intereses sobre intereses de las deudas insolutas públicas y privadas).

La locura ha sido mayúscula, se ha creado valor en donde no hay más que papel con algunas cifras con números negros y sellos institucionales. Dicho de otro modo, se abandonó la economía keynesiana del progreso post segunda guerra mundial y se sustituyó por el balbuceo neoliberal del Fin de la Historia (1992), de Francis Fukuyama. Consolidación plena del neoliberalismo. Recuérdese que en México, precisamente ese año, se reformaron para mal los artículos 3º, 4º, 5º, 24, 27, 102 y 130 constitucionales.

Hoy hay una reacción de mala entraña del sistema y concepción neoliberales que pone en riesgo el bienestar y la vida misma de los gobernados. Literalmente. Los casos antisistémicos mexicano con López Obrador y argentino con Alberto Fernández, mantienen encendida la luz esperanzadora no sólo de la resistencia –porque lo que resiste apoya, decía Jesús Reyes Heroles– sino la resistencia con proposición alternativa. Resistir sólo tiene sentido cuando más allá de saber lo que no se quiere, se sabe además lo que sí se quiere y qué de eso anhelado es posible.

Es posible la construcción por consenso y colaborativa de un modelo de sociedad que produzca bienestar y, eventualmente, felicidad. Pero no basta con resistir. También precisa de organizarse, pensar y actuar personal y colectivamente fuera de las lógicas convencionales del sistema.