Política

25 de noviembre: Marielle Franco, dictadura y memoria

noviembre 12, 2019

Brasil es el país latinoamericano con la mayor incidencia de feminicidios. Recientemente ocurrió un caso que cimbró al país y al mundo: el asesinato de la activista afrobrasileña, lesbiana y feminista Marielle Franco. Los asesinos materiales ya se encuentran en prisión pero no así los intelectuales, aunque hay indicios que apuntan a las más altas esferas del poder, incluido el presidente del país, Jair Bolsonaro, y sus hijos. Bolsonaro se ha empeñado en declarar que no tuvo nada que ver con este hecho y que la justicia más bien tendría que enfocarse en investigar a quienes le atacaron e hirieron a él durante su campaña.

Días antes de ser asesinada junto con su chofer y bajo fuertes amenazas, Marielle denunciaba los graves atropellos contra los derechos humanos que acontecían en su país, cuando en plena conferencia pública se escuchó el grito de "¡Branco, Branco!", en alusión a uno de los primeros dictadores de Brasil. El hecho está registrado y la indignación de Marielle resultó más que evidente. La de ella y la de muchas miles de personas más. Entre ellas, una estudiante brasileña que acudió al curso que impartí junto con otras docentes de la Universidad Veracruzana y la Universidad Complutense de Madrid, en el marco de la Escuela Latinoamericana Complutense. El curso era sobre construcciones de género y asistieron alrededor de 25 estudiantes, hombres y mujeres de distintos países iberoamericanos y europeos.

La estudiante narraba este acontecimiento con lágrimas en los ojos puesto que el nombre de este dictador le recordaba a la época en que distintos miembros de su familia fueron torturados en su país. De hecho, ella acudió al juicio contra ellos durante el cual tuvo que escuchar la forma en que su propia tía había sido atormentada mediante shocks eléctricos y golpes infinitos. A partir de entonces, decidió estudiar historia pero ahora, frente al asesinato de Marielle y el retorno de los seguidores de la dictadura, se preguntaba para qué lo habría hecho y qué sentido tenía el haber ganado el juicio de sus familiares aun si los torturadores se encuentran encarcelados.

Las posibles respuestas a sus preguntas surgirían a lo largo de este maravilloso encuentro entre feministas que tuvimos en la Veracruzana. Primero, trajimos a la memoria colectiva la historia de las hermanas Mirabal, a propósito de quienes se conmemora el 25 de noviembre como el Día Internacional de la Violencia contra las Mujeres. Y, particularmente, aquello que generalmente no se cuenta acerca de esta historia y es el hecho de que únicamente una de las cuatro hermanas Mirabal sobrevivió al feminicidio y a la dictadura: Teté, quien, al igual que mi estudiante, se preguntaba en aquel entonces porqué ella era la única sobreviviente de este horrible acontecimiento familiar. Su respuesta fue reconocer que alguien tenía que contar la verdadera historia de sus hermanas y que ese era su lugar en esa historia, ante lo cual se dedicó a escribir un magnífico texto titulado: "Vivas en su jardín". De esta manera, Teté mantuvo la memoria familiar mientras cuidó a los hijos de todas sus hermanas y a los propios, además de cultivar el jardín del hogar para que pudiese ser visitado, hasta nuestros días, en memoria de sus queridas hermanas.

Otras vías de reflexión nos las brindó la tradición africana de la autobiografía en las narrativas sobre la esclavitud. Las y los esclavos escribían su historia no únicamente para que sus vivencias no quedaran en el olvido sino, sobre todo, para preservar la memoria colectiva dedicada a quienes aún no lograban escapar de la esclavitud a fin de que encontraran el camino a la liberación. Asimismo, para recordarse unos a otras el compromiso individual de añadir un capítulo más a la historia colectiva. Narrativa que, desde su concepción, se escribe a lo largo de la historia de la humanidad y en la cual cada persona tiene el compromiso de añadir un capítulo más, por convicción, por necesidad, por compromiso social y por preservar la cultura, las tradiciones, la historia individual y colectiva. Si una persona no atiende a este llamado, están convencidos de que, sin lugar a dudas, otra lo hará.

Siguiendo a Toni Morrison, la verdad se encuentra en el punto intermedio entre el hecho, de facto, y la ficción construida. Se reconstruye entonces a partir de los acontecimientos que registramos formalmente pero también desde los entretejidos de aquello que se va transmitiendo de generación en generación mediante historias orales, sueños colectivos, tradiciones artísticas y culturales. Y es nuestro compromiso construir y reconstruir estas narrativas a fin de deconstruir las historias oficiales que se nos imponen como verdades hegemónicas y que tienen como objetivo mantener y sostener las sociedades patriarcales y androcéntricas en que vivimos.

Este 25 de noviembre, vuelve a ser un llamado a unirnos para erradicar la violencia insistente y persistente contra las mujeres que seguimos padeciendo en nuestros países; para que no haya ni una muerta más que recordar y porque vivas nos queremos y nos necesitamos para escribir nuestras memorias y para no permitir que nunca más nuestras ancestras, nuestras tías, nuestras hijas sean torturadas, violentadas, asesinadas, maltratadas. Se trata, sin duda, de un sueño colectivo, pero la verdad es que se transmitirá de generación en generación y se dispersará como la diáspora africana, como las tradiciones de nuestros pueblos indígenas y como las lecciones de nuestras pensadoras feministas a lo largo de la historia.