Política

Empatía y buena voluntad no son decisiones de políticas públicas

noviembre 08, 2019

Asegura la encargada de despacho del Instituto Veracruzano de las Mujeres, María del Rocío Villafuerte Martínez, que la incidencia de feminicidios ha disminuido en el estado. Al no ofrecer ningún dato verificable no hay razón alguna para engancharse en algún tipo de consideración sobre su dicho. Es su opinión personal, y ésta pareciera cargar con una alta dosis de buenos deseos que difícilmente coincidirán con lo que los gobernados perciben y la nota roja sugiere.

Veracruz es un estado probadamente misógino. Así lo muestran no sólo la cifra fatal de mujeres asesinadas, sino la dejadez institucional con la que sistémicamente se han atendido los asesinatos de mujeres por parte de diversos gobiernos. La imprecisión de la funcionaria no ayuda a ampliar el rango de confianza mínimo necesario para establecer un diálogo productivo con la sociedad.

Si el dicho de la funcionaria fuera cierto, debería poder ser verificado, pero para que eso sea útil y tenga un significado, es preciso uno o más referentes comparativos. Pero lo único que hay por lo pronto es la opinión de la funcionaria. Punto menos que nada, o igual a la opinión en contra de cualquier hijo de vecina, sin que opine desde su mera percepción de las cosas.

No son tiempos para imprecisiones ni barnizadas optimistas de una realidad hostil. El estamento conservador está cotidianamente aplicado a socavar la credibilidad en el nuevo régimen, machacando sobre consideraciones chabacanas y perogrulladas sobre los muy graves acontecimientos recientes. La política actual del Estado mexicano es ajena a la lógica del uso de la fuerza como eje de método de combate al crimen organizado. Así lo han probado consistentemente las decisiones tomadas, independientemente de los evidentes costos políticos internos y foráneos. Ahí está la súbita disposición del gobierno norteamericano para ofrecer su colaboración interventora.

Convendría, por ejemplo, que el gobierno explicara con claridad cuáles son las decisiones concretas que se tomarán en esta administración para que la tensión misógina disminuya. Qué medidas correctivas, cuáles contenidos educativos, cuales métodos de difusión, qué relaciones colaborativas con la sociedad. Porque hasta ahora, fuera de la buena voluntad y disposición comprensiva, no hay nada claro.