Política

Obsesos

noviembre 07, 2019

Joaquín Guzmán, refrescado dirigente panista a cargo de hacer lo posible para presentar una cara verosímil para su vapuleado partido político –vapuleado no tanto por los resultados electorales, como por las condiciones en que lo ha dejado el clan de Yunes Linares–, se apersona en el escenario público a la ofensiva contra el gobierno de Cuitláhuac García. Lo caracteriza de inexperto e indispuesto a aprender.

Perogrulladas. Inexperto lo es por el simple hecho de que es un nuevo gobierno. Indispuesto a aprender dice nada, si el dirigente no desagrega con precisión a lo que se refiere y lo demuestra. Si no lo hace, no pasa de ser una mera opinión valorativa polarizada por su ideología.

Pero su crítico estreno como dirigente panista coincide con la evidente ofensiva generalizada por parte varios de los grupos de interés, la red de complicidades, que gobernaron para saquear al país durante tres décadas.

El gobierno mexicano de hoy apunta en sentido contrario a los criterios y dogmas de la aproximación neoliberal al mundo. Su efecto potencial en el continente y el resto del planeta es mucho. No sólo porque da esperanza verosímil a quienes viven la deses-peración, sino porque su entendimiento de la condición humana es empático, al contrario de la miseria consumista autorreferencial de los defensores del sistema anterior.

Ayer el editorial del Washington Post fue especialmente dura en su crítica al gobierno mexicano y retoma para impulsar la propuesta del gobierno norteamericano de sumarse a la guerra. Siempre será más barato eso, donde México pone los muertos, que enfrentar adecuadamente y con decisión su expandida dependencia pública de los opiáceos ilegales.

Hay una ofensiva multidimensional, en lo interno y la proveniente de las presiones norteamericanas. Ayer los dos periódicos liberales más importantes de la costa este, el New York Times y el Washington Post, encabezaron y editorializaron con inusual severidad sobre México y su gobierno.

No hay que extrañarse por eso, si bien es cierto que el Washington Post tiene una línea editorial en general progresista, también lo es que pertenece a Keith Rupert Murdoch, el magnate australiano dueño del emporio periodístico más grande quien es un hombre conservador en extremo e íntimo amigo de Donald Trump.

El régimen depredador que devastó al país fue vencido en julio, pero no fue en absoluto derrotado y está a la ofensiva. Lo deseable es que los gobernados se mantengan atentos porque las intenciones son serias.