Política

La variable militar

noviembre 05, 2019

Consecuencia del operativo fallido en Sinaloa el jueves de la semana pasada, el establecimiento conservador que desmanteló al país las últimas décadas dejándolo muy cerca de la ruina, tanto en la fábrica nacional como institucionalmente, se reagrupa con la intención de presentar un frente opositor verosímil después de haber quedado completamente desarticulados y desprestigiados.

La divulgación en redes de dos mensajes admonitorios por parte de militares en retiro íntimamente vinculados a la guerra interna desatada por Felipe Calderón, con fines de legitimación y distracción, que sumergió al país en sangre y trató de mantenerlo con la cabeza sumergida en ella, no es poca cosa, el estamento conservador es minoritario pero poderoso económicamente. Coinciden las críticas militares, además, con la queja del presidente nacional de Canacintra en Coatzacoalcos durante este fin de semana. No hubo crecimiento económico en el año, lo que por las circunstancias en que dejaron al país es completamente normal, y acusa de subejercicios en el gasto público, lo que también es normal luego de la inercia de manejos fraudulentos del régimen anterior que implicaban fugas oceánicas de dinero público del estado a bolsillos privados.

El establecimiento no está preocupado por el fracaso de la operación en Sinaloa, está realmente preocupado porque la intención del gobierno es enfrentar realmente las fuentes y los hábitos corruptos de buena parte de los actores políticos en el sistema y la burocracia.

Son tiempos de ajuste, redefinición de prioridades. Es normal que la economía se ralentice cuando su dinamismo dependía de prácticas corruptas y de agentes externos, tanto inversores como compradores de productos hechos en México.

Pero sucede que la extrema derecha ve en los problemas la oportunidad de retomar el control, esta vez por la amenaza de una intervención militar –que, bien visto, fue precisamente lo que hizo el gobierno calderonista y el hampa asociada a él durante su tiempo de gobierno, y continuado por seis años más con la frivolidad manipulable de Peña Nieto.

12 años donde la guerra fue el texto legitimador para gobiernos profundamente traidores al interés nacional. Apoyados desde luego por militares igualmente conservadores que se beneficiaron con largueza por la exacerbación de la violencia. El sufrimiento de los gobernados importaba bastante menos.

El nuevo gobierno cambia la lógica y desmonta la violencia. Lo sucedido en Sinaloa puede ser un error de cálculo como acepta el gobierno. Es posible. Es mucho más probable, sin embargo, que fuera una trampa. El gobierno prefirió asumir los costos políticos y el escarnio en vez de arriesgar las vidas de los civiles atrapados entre dos fuegos.

El régimen anterior, en su envilecimiento no duda –lo ha demostrado hasta la saciedad– en apelar a la violencia. Incluso contra las autoridades legítimas. Amenazan al gobierno y eso es intransitable. Se avecinan tiempos complejos y es deseable que los gobernados estén claros de quiénes son los enemigos de reflejos golpistas. Aquí el papel del ciudadano y la ciudadanía son determinantes para neutralizar golpismos potenciales y en gestación.

La Sedena ha dicho con claridad prístina que las críticas dolosas al Comandante Supremo por parte de militares retirados tendrán consecuencias. Por lo pronto aplicará la legislación militar correspondiente para retirar todos los beneficios a los que se hicieron acreedores al dejar de estar en el activo. Hace apenas unos cuantos días, el que fuera jefe de estado mayor de Felipe Calderón Hinojosa, el general Demetrio Gaytán Ochoa, frente al secretario de la Defensa también enderezó críticas contra el mando.

Es dudoso que la incomodidad de los militares conservadores sea mayoritaria, pero contribuye a crear un ambiente de incertidumbre y temor entre la ciudadanía poco informada. Mala cosa. No hay punto de negociación porque sí, en efecto, hay razones para pensar que la intención golpista es real y que los generales en cuestión se prestaron a servir de sonda para medir ánimos. De ese nivel es la intención de los sátrapas.