Cultura

Día de muertos, conciencia colectiva de destino

noviembre 03, 2019

De muchas formas, la muerte, compañera permanente de destino, ha sido presencia requerida en la conformación de la cultura; a su alrededor se han entrelazado los caminos de la humanidad.

Nuestra sociedad ha estado compuesta a un tiempo por los vivos y los muertos, porque éstos han superado el momento del cambio, las tumbas son signos vivos de su presencia más allá de la muerte; ellos se encuentran en el mundo oscuro y extravagante del imaginario colectivo, y son tan significativos y necesarios socialmente como los vivos. En México hemos generado una tradición festiva alrededor de los muertos que involucra a la conciencia colectiva de destino, y conlleva la aceptación de la propia muerte. Para el pueblo mexicano los muertos resultan tan allegados a los vivos, que vuelven cada año a departir con parientes y amigos, guiándolos en el camino de la buena muerte.

La festividad de los muertos es una herencia prehispánica, registrada desde las culturas precolombinas mexica, maya, purépecha y totonaca; que con la llegada de los frailes franciscanos se sincretizó con la religión católica. En la región huasteca se celebra el Xantolo, la fiesta de las ánimas, donde el espíritu regresa a sus espacios, y recuerda los olores, los sabores, los cariños y la música, contenidos en la comida, la bebida y los demás elementos contenidos en los altares como ofrendas a los que nos han antecedido. Las velas son colocadas en pares para que la luz guíe su destino,la flor sagrada se ofrenda para que su olor les indique el camino; la oración se eleva fervorosa hasta el próximo encuentro con el alma añorada.

La muerte se percibe mediante una relación sin experiencia, sin el saber propio; a través de encuentros y desencuentros construimos una reflexión de la muerte ajena, la muerte del otro que afecta nuestra propia existencia. Sin embargo, en las sociedades actuales la actitud de indiferencia ante la muerte, la poca tolerancia al dolor ajeno, el culto mediático a la felicidad materialista; han generado una falta de humanismo que se ve reflejado en las muchas otras caras de la muerte, la violencia física y emocional, el asesinato individual y colectivo, el suicidio, el secuestro, la indiferencia a la dignidad del otro. La mediatización ha vuelto al hombre incorpóreo, se muestra indiferente a la barbarie teatral del sufrimiento; el peregrinar de las madres dolorosas, el migrante sin destino, el planeta desolado. Se ha pretendido manipular a la muerte, convertirla en espectáculo, en estadística, en comercio; sin recordar que en algún momento, cuando se crucen los últimos caminos y el silencio ahogue los sentidos, llegara gentil la muerte, extraña, siniestra y seductora.

Mientras tanto, el pueblo mexicano entre música, danza y color celebra fervoroso a sus muertos en una gran festividad que desde 2003 es considerada patrimonio intangible de la humanidad por la Unesco.