Política

Tristeza e injusticia

noviembre 03, 2019

Ya han pasado varios meses del doble homicidio de dos hermanos cometido en Orizaba por policías uniformados. Ambos iniciaban su tercera década sobre el planeta. Fueron muertos por policías municipales que atacaron a uno de ellos cuando llegaba a su casa por la madrugada. Al oír la trifulca su hermano salió para ver lo que pasaba a la puerta de su casa, los policías lo recibieron disparándole.

Uno de ellos, médico odontólogo, había montado su consultorio en casa de sus padres. La madre intentó salir su de casa para pedir ayuda pero fue detenida y amenazada por uno de los uniformados. Los policías dispararon a dos civiles a la vera de la puerta de su casa y cuando la madre intentó solicitar ayuda para su hijo herido, uno de los uniformados se lo impidió amenazándola de muerte. Los padres denuncian que la escena fue alterada por el policía que comandaba el grupo.

El video de los padres relatando nuevamente los hechos pidiendo justicia con voz quebrada es conmovedor.

Retrata el azoro frente al incomprensible disparate de dos llamados servidores públicos que asesinan a mansalva, en la entrada de su propia casa, a dos hombres jóvenes y socialmente productivos. Universitarios en el ejercicio de sus respectivas profesiones, victimizados por autoridades policíacas del estado. El sólo hecho por sí mismo debería ser motivo de escándalo y clara presión a las autoridades que, como suele suceder se reportó inicialmente como resultado de un "enfrentamiento armado entre policías y delincuentes. El simplismo y el lugar común por delante distorsionando la percepción correcta de la información y los hechos propiamente dichos. Hoy los policías están presos pero aún se sabe nada de la razón por la que lo hicieron.

Además de la significación del hecho en sí mismo y que de suyo es gravísimo, queda por desagregar toda la información del cómo se presentaron las circunstancias para concluir en la tragedia imbécil de tener cuerpos de seguridad gubernamentales, cuyo personal es deficitario en más de un aspecto importante. El perfil psicológico, por ejemplo. Parece que basta que alguien palomee un nombramiento para que a cualquier hijo de vecina se le uniforme y dé un arma. Lo que lo hace poderoso e impune. Por lo menos por un momento.

No está el gobierno en condiciones de ser ni mínimamente tolerante con este tipo de hechos y de perpetradores. Lo que sucedió debe ser aclarado con todo detalle y el gobierno está obligado a asumir las responsabilidades del daño que causó por medio de dos policías de comportamientos sociópatas, por decir lo menos, y no suponer meras equivocaciones de identidad.