Política

Morena en crisis

noviembre 02, 2019

No es cosa menor la crisis que vive el partido Morena. Se trata de un asunto de interés público, no sólo para sus militantes sino para el resto de la ciudadanía, sobre todo, porque la institución recién llegada al poder se alinea con las otras organizaciones partidistas que viven inéditas circunstancias de desprestigio, desconfianza y falta de contacto con sus bases.

Paso de aquel estado de gracia tras la aplastante victoria del año pasado a una verdadera crisis que se acentúo el miércoles pasado, cuando el Tribunal Electoral ordenó la anulación del proceso de renovación de dirigencias que estaba en curso en Morena por considerar que el padrón de militantes no es confiable y le ordenó integrar a ese listado a quienes solicitaron su afiliación hasta 30 días antes del inicio del proceso.

Para muchos miembros de ese partido se trata de una "grosera intromisión" y advierten de la existencia de una crisis tras el insólito triunfo del 2 de julio, y de una victoria que habría de resultar catastrófica para sí mismo.

El analista político Pedro Miguel describe así el estado de las cosas: "Aunque la inercia del triunfo impidió que la crisis empezara a hacerse evidente hasta bien entrado el año actual, los fundamentos del desastre se echaron desde el periodo de la transición: en esos cinco meses el partido perdió a la mayor parte de sus dirigentes –empezando por su dirigente máximo, quien desde el primer momento cumplió meticulosamente su propósito de evitar que en Morena rencarnara esa característica del viejo PRI, de ser el partido del Presidente– y a buena parte de sus mejores cuadros, quienes se integraron a diversas tareas gubernamentales.

Por añadidura, mucha de la militancia creía en forma tan honesta como errónea que el objetivo supremo de Morena era poner en la Presidencia a Andrés Manuel López Obrador, más que transformar la nación y construir un orden social nuevo. Ello generó un despiste generalizado que puede ponderarse con un dato horrible: en los pasados 11 meses el gobierno federal ha iniciado transformaciones de gran calado, se ha abierto paso entre las inercias institucionales y burocráticas heredadas, y ha enfrentado feroces ofensivas mediáticas, judiciales y hasta delictivas –como los sabotajes huachicoleros a los ductos de Pemex– por la oligarquía corrupta desplazada del poder público; sin embargo, en ese lapso la militancia de Morena no ha sido convocada a una sola movilización en apoyo y defensa de la Cuarta Transformación de la que ha sido protagonista central".

En un texto publicado en La Jornada, define: "Una tercera desgracia fue la cargada hacia el partido de individuos y grupos sin más interés que el de escalar posiciones y que, ante el hundimiento inminente o reciente del resto de las siglas partidistas, buscó arrimarse al poder por la vía de Morena, llevando consigo los vicios de sus afiliaciones anteriores. En previsión de las consecuencias negativas de ese crecimiento descontrolado y pernicioso, se tomó una decisión sensata, pero que nunca fue formalizada ni reglamentada por la dirigencia: restringir la militancia con plenos derechos a quienes se afiliaron hasta noviembre de 2017, lo que dejó en suspenso a los que llegaron en grandes cantidades en fecha posterior, ya fuera por razones legítimas o simplemente porque olfatearon la inminencia del triunfo electoral. Esa determinación, que buscaba preservar el predominio de la militancia abnegada que construyó la organización en un arduo trabajo de años, fue argumento central del tribunal para anular la elección".

En su cortísima existencia, Morena vive los viejos vicios de la política nacional, alimentada además por las desorbitadas prerrogativas económicas que desvirtúan la vida política del país y pudren todos los componentes de su sistema de partidos: la ambición de poder, el patrimonialismo, el clientelismo, las paranoias sectarias y la obsesión por aferrarse a los cargos produjeron una descomposición cuya expresión más lamentable es la parálisis del principal órgano de dirección nacional y su incapacidad de funcionar en forma regular y estatutaria.

De no corregir el rumbo, corre el riesgo de vivir apresuradamente, pocos años, lo que le llevó a los demás partidos décadas con las consecuencias que hoy padecen.