Política

Aprender a gastar

octubre 31, 2019

Recientemente, y como consecuencia, en el presupuesto para 2020 se reducen los montos destinados a muchas dependencias y programas de gobierno relacionados con el medio ambiente, programas sociales y de salud.

En efecto, para muchas dependencias se mantiene o apenas aumenta el dinero destinado a ellas. Esto ha sido fuente y motivo de críticas muy severas para el gobierno morenista. Éstas, frecuente y curiosamente provienen de sectores informados de la sociedad y que incluso se identifican en lo general e ideológicamente con el actual gobierno.

Parece ser ya lugar común que una reacción conservadora aumente en virulencia cuando toma decisiones fuera de la lógica depredadora presupuestal del régimen anterior. En la lógica normal, para que un gobierno demostrara ante la opinión pública la seriedad de sus compromisos ofrecidos en campaña, se obligaba a aumentar el presupuesto para el o los programas o políticas en los que el Presidente estuviera particularmente interesado. Una fórmula de correspondencias falaces, más presupuesto y gasto para los temas políticamente interesantes para el gobierno, no necesariamente para resolver asuntos social y económicamente relevantes para la sociedad. Sobre esa base, una forma para demostrar el interés y compromiso gubernamentales con su propia oferta política era aumentar todos los años la cantidad de dinero destinado a ésos programas. Se asentó una lógica y razonamiento falaces pero que permearon hasta establecerse como la forma aceptada de hacer las cosas.

La lógica de los gobiernos estatal y federal actuales es distinta. No depende tanto de aumentar la cantidad de dinero ahorrado en programas de conocido beneficio político, como el de usar con eficiencia monástica el dinero que hay sin desviaciones. Era de tal magnitud la inercia de la corrupción que existían los mecanismos institucionales para violar siempre la ley de egresos con extensiones presupuestales adicionales, por no mencionar las cantidades obscenas de préstamos tomados de las reservas pensionarias de los trabajadores. Con honradez, dicen, es posible hacer incluso más con menos dinero, lo que los gobiernos federal y estatal se han comprometido a hacer. Ya se verá. Por lo pronto la virulencia reaccionaria cuenta con varios vociferantes dedicados a exacerbar críticas y un ejército informal de hackers y bots para la guerra en redes. En ese ambiente, no son pocos a los que cuesta deshacerse de la lógica convencional que no concibe que los desvíos por corrupción fueron por demasiado tiempo monumentales.