Política

Revelaciones de un ex agente de la Dirección Federal de Seguridad

octubre 30, 2019

Ciudad de México.- La Flecha entró en 1983 a la Policía Judicial Federal (PJF), de la entonces Procuraduría General de la República, cuando ésta formaba parte de la estructura –no oficial– de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) que lideró en su momento el veracruzano Fernando Gutiérrez Barrios. Fue recomendado por un diputado federal salido de la estructura caciquil del campo y de la Confederación Nacional Campesina.

"Mi primer día me llevó a presentar y me dieron 10 mil pesos para comprarme unos trajes y corbatas y zapatos; me dijeron: ‘Ve a comprarte ropa y regresas’".

Me dieron arma, me pusieron a lavar seis carros que se usaban y yo siempre callado. Los otros policías se burlaban porque me decían: "Cabrón, para lavacarros, mejor te hubieras quedado en Veracruz". No me importaba, en Córdoba era yo cargador, mi familia trabajaba de cargadores en el mercado.

Pero conforme me hice de la confianza de los jefes, comencé a ir por encargos y maletas y manejarles los carros en la Ciudad de México, que ni conocía casi. Entonces llegábamos de gira y los que lavaban los coches eran los que primero se burlaban de mí.

–¿A dónde te llevó a que te dieran de alta y dinero para ropa?

–Al campo militar Número I.

–¿En la Sedena?

–Así es, ahí nos entrenaron con el FAL, que no me gustaba porque se trababa mucho y luego con el DG3. Unos compañeros por esos días fueron llevados a entrenar a Israel, en manejo de explosivos, detección de armas, combate. Pero nosotros no estábamos siempre en la PJF, estábamos comisionados para cuidar a los diputados de la 53 Legislatura. Pero a veces nos mandaban a las oficinas y ahí se escuchaba algo que nunca leí en los diarios, que don Fernando Gutiérrez Barrios había perdido un hijo el 2 de octubre de 1968. No sé si hijo de su matrimonio o de otro, pero se le respetaba por eso, porque estuvo en la represión de estudiantes pero igual sufrió la baja del hijo que era estudiante.

A veces en las reuniones te dabas cuenta que no eran todos políticos, o campesinos o policías. No sé si conociste a Rubén Rivera, de Tierra Blanca, tenía una pista clandestina y ahí aterrizábamos con la Sedena. No había Marina entonces en infantería, eran soldados que llegaban a dar protección a los caciques de ahí. No sé si tú recuerdas a Rubén Rivera, que en aquel entonces tenía su pista clandestina, pero a donde llegaba la PGR, la Sedena y los narcos.

Yo había sido asaltante en Córdoba, de abarrotes, de carros de transportes de valores y estaba bien chavo y había matado a dos o tres pandilleros en mi barrio López Arias.

En aquel entonces, cuando tenías antecedentes criminales, eso te daba puntos y ese político me llamó un día y me dijo que quería que trabajara para él. Y me llevó a la PJF.

Flecha sorbe un poco de su michelada, voltea para todos lados, se seca las manos sudadas en la ropa, mira al infinito y prosigue: "Uno ahí nunca sabe en dónde está, porque se supone que eres policía, debes andar entre policías y analizar a la delincuencia. Pero un día estábamos con gente de traje en un restaurante de Polanco, dos personas civiles presidían la reunión; el resto, federales. Se hablaba de dos delincuentes que ya tenían hasta la madre a Veracruz. No sé si te acuerdas de ellos, un tal Javier Ríos, La Jaiba, el Cucaracho y La Picuda, jefes de bandas de asaltacarros. De ellos hablaban y el jefe preguntó a esos dos señores qué deseaban y dijeron: "que los eliminen". Hablaban pausado, como hablan los sacerdotes en misa. Uno de ellos era obispo y el otro era Cardenal.

–¿Qué Cardenal?... ¿qué Cardenal?

–Uno que yo había visto antes en televisión... Posadas

–¿Posadas Ocampo?

–Mjú (responde con guturación y toma de su bebida).

–¿Juan Jesús Posadas Ocampo?

–Sí, él. Seguido se reunía con los jefes porque recogía la información de las comunidades, de las catedrales y hacía llegar las quejas. Entonces tuvieron que ser ejecutados La Jaiba y La Picuda, de la zona de Tinajas y Cotaxtla, Veracruz; El Cucaracho, de la Mixtequilla. Javier Ríos. Jamás encontraron el cuerpo; hasta la fecha.

La Jaiba fue el que había matado a Felipe El Indio Lagunes, otro asaltacarros, quien a su vez había matado a Roque Spinoso Foglia, el líder nacional cañero.

Sinaloa

La primera vez que fui a Sinaloa, según íbamos a operativo, pero nos llevaron a un rancho, donde nos recibió un cabrón norteño, imponente. Le dio una maleta con dinero al jefe que nos llevaba y luego preguntó qué hacía yo ahí. Le dijeron que era el nuevo y me metió 200 dólares en la bolsa de la guayabera, porque allá no íbamos de traje como en la CDMX.

–¿Quién era?

–(Sorbo de cerveza, nervios)... Amado Carrillo, El Señor de los Cielos. Ahí conocí al Güero Palma, que a mí me vacilaba que era originario de Veracruz. Eran calmados, tranquilos; nunca la tuvimos pesada con ellos, pero teníamos que hablar muy poco. Ahí aprendí que nunca digas dónde estás, a dónde vas, qué estás pensando.

Ahí tuve una enseñanza buena. Aprendí a mantener cerrada la boca. La boca solamente la tienes que abrir en una balacera, porque si cierras la boca te revientan los oídos las detonaciones.

Ganábamos bien, eso sí, pero las madrizas eran de las 6 de la mañana a las 2 de la mañana siguiente, todos los días. Dormías un rato, te levantabas, te arreglabas y te ibas a trabajar. Unos ganaban 200 pesos diarios, otros llegaban a ganar hasta mil diarios, dependiendo de la preparación que teníamos.

Cuando dejé eso, por un accidente, llegué a Córdoba y me topé con gente mierda, un empresario me daba 11 pesos diarios por ser su chofer y darle seguridad.

Estuve muy cerca de políticos como Augusto "N" , Juan "N", no sé si el de ahora sea su hijo o se llame igual. Fíjate que me acuerdo mucho de una transa que hacían con el café. Por esos años 80, el café llegó a valer mucho por la exportación, pero no había permisos, los permisos los daba el Presidente. Y para que dieran los permisos, quedaron de acuerdo en ponerle un arancel de salida de 4 dólares. Al campesino le pagaban su café, pero ya en bodegas de puertos le cargaban 4 dólares de un impuesto inexistente. Un dólar era para el presidente Miguel de la Madrid, otro dólar para Jesús Silva Herzog, secretario de Hacienda; uno para la Confederación Nacional Campesina, y otro para el líder de la Confederación Nacional de Productores de Café. Una de estas oficinas la atendía un tal Antonio Gasol. El primer embarque de salida fueron 50 mil sacos de café, multiplícalo por 4 dólares, ahora súmale los embarques que se hacían por mes.

Caso Gargallo

–¿Qué sabes del caso de Sixto Díaz Pérez y de Gargallo?

(El 6 de agosto de 1991 fueron asesinados Sixto Díaz y Rafael Díaz Pérez, junto con sus pistoleros en el bar La Cueva, de Yanga, Veracruz, en la contra esquina del parque central. A media cuadra del Palacio Municipal).

–Mira, la historia que la gente cree de que fue el Toro Gargallo es falsa. En esos años, don Fernando (Gutiérrez Barrios) era el de Gobernación y el jefe moral de la (desaparecida) Dirección Federal de Seguridad (DFS). La familia de Rafael y Sixto había ido a hablar con el presidente Carlos "N" para exigirle que matara a Toribio El Toro Gargallo, pues creían que él había asesinado a los hermanos (dos meses después, el 10 de octubre de 1991, Toribio Gargallo pasa por un lugar donde aparentemente la Policía Judicial del Estado repara una patrulla averiada; ofrece ayuda y ahí lo rafaguean junto a su banda, con balas de la Dirección General de Seguridad Pública del Estado, Policía Judicial del Estado y de la DFS).

Mira, realmente meses antes de la muerte de los Díaz Pérez llegó un joven a comprar melaza al ingenio El Potrero (la melaza, derivada de la fabricación de azúcar de la caña, sirve para hacer galletas, alcohol, etanol, vinaza para fertirriego), donde los caciques eran los Díaz Pérez. Paran a este chavo y le dicen que no puede comprar melaza ahí porque ellos tienen compromisos de venta para otros compradores y que ahí mandaban ellos. Rafael era el líder de los cañeros de la CNC y Sixto era un asaltacarros y lideraba una banda.

El joven en vez de asustarse, regresa por más melaza con dos pipas. La gente de Sixto le pega una corretiza y ahí por la Facultad de Agronomía se atora en la terracería y lo matan y queman con todo y pipa.

El joven muerto era de apellido Garza, un rebelde de los Garza de Monterrey, gente dolida con el gobierno porque Luis Echeverría, siendo presidente, había dirigido la muerte de Eugenio Garza Sada en los 70 y culpó a los guerrilleros.

Para vengar la muerte de este joven, desde Monterrey sale un grupo de sicarios por avioneta a Córdoba, habían contratado un guía y un informante del gobierno. En tierra los esperaba un auto Lebaron azul que los lleva a Yanga. El Gobierno ya sabía desde antes lo que iba a pasar, pero guardó silencio.

En Yanga ese día había evento público, inauguraban la biblioteca de la ciudad.

Cuando llegan por Sixto a la cantina, estaba tomando con su banda, los rafaguean. Llega Rafael, que estaba ahí cerca, a defender a su hermano e igual le toca fuego.

El Comandante de la Municipal tenía orden desde arriba de estar lejos de los hechos. Los sicarios, más profesionales que la banda de Sixto, se suben al Lebaron, se van a Córdoba, dejan el carro abandonado en la congregación 20 de Noviembre y se suben a su avioneta, se regresan a Monterrey. Luego viene la muerte de Gargallo, que realmente decía la verdad, él no había sido.

La gente cree que porque murieron eran víctimas, pero no, sobretodo Sixto; era un matón, asaltacarros, abusivo. Un día le pidieron ser padrino de boda y prometió barbacoa de borrego. Bromista como era, dijo que sí, porque sabía de un rancho donde había borregos en La Tinaja. Fue con su grupo a robar los borregos. Ahí en el rancho había una señora embarazada que los reconoció y el muy cabrón la mató. Era un criminal y llenó el buche del gobierno federal.

–¿Alguna vez torturaste a gente?, ¿te tocó la Guerra Sucia de desaparecer guerrilleros?

–No, casi siempre me mandaban de escolta de presidentes y de políticos, a veces a Aduanas en Veracruz. Pero sí sé de los Baños Tlaxcoac, allá por Lecumberri. Allí llevaban detenidos los otros, los de la DFS, que eran otro pedo... (cambia de tema)... Mira, no sé de leyes, porque realmente no estudié nada, pero escucho a veces de las reformas al Código Penal y civil.

Me parece bien lo que pretende el Presidente, si se logran las reformas, van a chingar a mucha gente, porque con la ley actual, los agarras con droga y al rato salen libres; si delinquen en un estado se pasan al otro y no puedes perseguirlos. Ahora, con la Guardia Nacional, si te agarran con droga o en flagrancia te van a sentenciar ya directamente. Ya no habrá fronteras estatales y te podrán perseguir a donde sea, porque son federales, porque mira, actualmente ya no hay cártel en Veracruz, están imparables, se han convertido en un chingo de grupitos.

Observo que la red de trata de personas está bien controlada desde el sur. Avisan que vienen dos o tres centroamericanos, llegan a Córdoba u Orizaba, bajan del autobús, los reciben los que forman parte de la cadena, los arman, asaltan, se reparten el dinero, se vuelven a subir en otro carro hacia el norte ¿y cuándo madres los agarras?

–¿Te tocó el evento de Llano de Víbora, en Veracruz? (el 7 de noviembre de 1991 siete policías judiciales federales detuvieron un cargamento superior a los 370 kilos de cocaína, en una pista clandestina en ese lugar, en Tlalixcoyan, Veracruz, pero fueron rafagueados por elementos de la Sedena, muertos todos. Los narcos escaparon).

–No, estaba en ese momento asignado a aduanas.

–¿De quién recibías las órdenes directas para movilizarte?

–De Ignacio "N".

–Dices que te lesionaste en el edificio de la PJF, ¿te pensionaron?

–No carnal. Ahí no existimos nunca, no hubo nómina, no había prestaciones, no teníamos seguro como los de ahora. No existe rastro de nosotros. Éramos invisibles, inexistentes. Es más, cobrábamos en la CNC o en la Legislatura o en Presidencia , o en la Confederación del Café. Eran sobres con nuestras claves nada más. Algunos aprovecharon que era un desmadre del pago, una desorganización y cobraban en los tres lados. Pero al final me quedé como cuando llegué... y mejor, porque vi crecer a mis hijos, hacerme viejo con mi esposa, cuidarlos, lejos de los excesos que esa vida nos daba. Ahí la llevo haciendo trabajos pequeños. Tuve que ir muchos años al terapeuta porque no podía dormir, ni vivir. Las pesadillas de lo vivido eran todos los días, todo el día. Acepté contarte a ti porque sé que eres reportero derecho y a alguien tenía que contarle parte de esto, con el convenio establecido que quedamos antes de hablar.