Política

El boicot como explicación de lo atípico

octubre 23, 2019

Pasados los días, luego de los acontecimientos de Culiacán el jueves de la semana pasada, se han hecho investigaciones y reconstrucciones periodísticas que apuntan a que la detención de uno o dos de los hijos de El Chapo Guzmán habían sido, efectivamente, detenidos por elementos del Ejército que actuaron a espaldas de la Fiscalía del Estado. Segundo, que los enfrentamientos armados pasaron al norte en la colonia Comunicadores, al sur por el puente de Álvaro Obregón, y alrededor de dicha Fiscalía, como si la intención fuera cercar esa zona.

La decisión y montaje del operativo habría probablemente estado a cargo de la DEA, coordinada con el Ejército, y sin enterar al gabinete de seguridad ni al Presidente.

De ser así, bien podría pensarse en una suerte de boicot al gobierno proveniente de actores dentro del gobierno mismo, y por una agencia gubernamental norteamericana que reiteradamente ha demostrado operar con una agenda propia al márgen incluso del gobierno.

El NYT, el Washington Post y en México, el portal Aristegui, presentaron reconstrucciones que sugieren que se pudo haber fabricado un escenario para trampear o emboscar al gobierno.

El evento tuvo repercusiones mundiales y sus consecuencias están por medirse. Las reacciones y opiniones son polarizadas y –lo que muy probablemente sea un resultado indeseado para los eventuales conspira-perpetradores– son claramente favorables al gobierno y al Presidente.

Esta eventual fabricación interesada de escenarios exacerbados por la violencia también podría extenderse al estado. La explosión violenta no sugiere tanto un problema de eficacia como el de una probable exacerbación interesada de las condiciones que la desatan.