Política

Tras la sonrisa del Joker. Reflexiones sobre el porvenir de lo social

octubre 14, 2019

Mucho se ha especulado y opinado con respecto al reciente estreno de "Joker", película interpretada, de forma extraordinaria, por el actor Joaquin Phoenix. La cual narra las desventuras de Arthur Fleck, un hombre que no sólo es ignorado por la sociedad, en su condición de enfermo mental -termino por demás polémico, pero que dejaremos para más adelante esta discusión-, sino que además es pisoteado hasta el hartazgo por ser considerado diferente al promedio de los habitantes de ciudad Gótica; justo para después emerger como el villano favorito por excelencia de los comics de Batman.

Está por demás mencionar que la crítica la reconoce como una gran producción que pretende no sólo proyectar al Oscar como mejor actor para Phoenix; sino que también podría brindar todo un universo cinematográfico a partir de esta historia. Desde este punto, la cinta puede resultar toda una obra maestra y una invitación a pensar más allá de la crítica de cine, es decir, para reflexionar sobre nuestra condición social.

Desde la filosofía y la psicología, mucho se ha discutido si el hombre es bueno o malo por naturaleza. Cuestión que puede ser discutida desde autores como Rousseau y su idea de que el hombre es corrompido por la sociedad y que por ello termina por convertirse en aquello que iría más allá de su esencia bondadosa y noble; o bien desde Hobbes o Maquiavelo, quienes pueden mostrarnos que el hombre es la peor versión de sí mismo y que se comporta en la sociedad, solo por el mero hecho de estar sometido a una estructura de poder que le ordena cómo debe conducirse.

Quizás en este punto, podamos decir que, en teoría, la película puede desenfrenar estas dos lecturas. Ya que unos verán a un hombre lastimado y humillado por el tejido social y en el que las circunstancias lo obligan a reaccionar de la forma en la que lo hace, hasta volverse la peor versión de nuestra sociedad. Por otra parte, otros verán que es la naturaleza misma la que emerge, hasta llegar a corromper el tejido social.

En parte, concordamos con la segunda lectura, ya que el Joker no hace su aparición sino hasta que hemos recorrido gran parte del film. Pero es esta una aparición triunfal, cuando los ánimos del protagonista están a flor de piel y cuando toma conciencia de lo que la sociedad ha hecho de él -al ignorarlo, machacarlo a palos y, sobre todo, para emitir una burla y segregación muy común en cualquiera de nuestras sociedades normalizadoras (bien por condición económica, de edad, étnica o por estado mental y físico).

Y es por ello que, para nosotros, aquí radica el encanto de Joker, puesto que en una sociedad que nos vende la perfección, las ideas falsas de triunfo, de felicidad y

de todo lo que aparentamos mostrar proyectar en nuestras redes sociales. Ante tanta falsedad, emerge una risa, que nos recuerda que estamos ante un dilema social: seguir las reglas y normalizarnos o terminar en las fauces de la segregación y la infelicidad ante las metas no logradas.

Pero no se malentienda este punto, puesto que ya los conservadores de la sociedad nos han anunciado que la película puede inspirar sucesos trágicos como atentados terroristas. Cuestión que no puede ser más falsa, a menos que se sobre entienda la cinta y se lleve a la acción algún deseo oculto de quien se atreva a perpetrar tal acto.

Precisamente, aquí es donde surge nuestra lectura: puesto que Joker no es más que una encarnación del caos, una voz que nos hace ver que la sociedad está corrompida, que hemos olvidado la importancia del lazo social y que no por ello nos invita a generar movimientos o disturbios. No, el Joker no pretende nada, lo suyo es una apuesta ex nihilo y que, en el mejor de los casos, lo que hace es mostrarnos nuestra propia hipocresía; es decir, que no somos ni tan felices ni tan tristes como en verdad aparentamos.

La apuesta que genera es para demostrarnos que todos somos enfermos, que todos padecemos algo que pretendemos callar y ocultar ante los demás, para no parecer raros y llegar a sufrir de algún tipo de segregación. Entonces, lo que nos provoca su risa es a que entendamos que nuestra sociedad se ha convertido en una suerte de Thomas Wayne, es decir, que pretendemos erigirnos como salvadores mesiánicos de la misma; machacando, criticando y condenando acontecimientos que ocurren dentro de nuestras sociedades, para emitir nuestras críticas desde los ordenadores o dispositivos móviles.

Y es que, últimamente, la sociedad se ha vuelto un cúmulo de expertos que pueden opinar y juzgar todo, sin ningún fin más que el de posicionarnos desde nuestra visión del mundo y hacer creer que todo lo podemos reparar con nuestra simple opinión; del mismo modo que Wayne pretende hacerlo como alcalde.

Entonces, la sonrisa del Joker no es más que un estridente grito que viene desde lo más recóndito de nuestros propios seres, que pretende mostrarnos un mundo hipócrita, que ha llegado a los límites de la violencia, por el mismo mal que pretende combatir, es decir, la falsedad.

Para recalcar un ejemplo de ello: basta con observar como el término de enfermedad mental, socialmente, se vuelca a decir que sólo es una condición y que alguien no es depresivo, sino que está deprimido; como si la simple apuesta terminológica pudiera darnos un consuelo mayor ante tal situación afectiva.

Del mismo modo, tampoco se trata de una película que hable sobre el patriarcado, sobre la ultra violencia o que sea una forma de provocar movimientos sociales que disturben o intenten modificar nuestra sociedad. Quizás, sea más bien un llamado

a entender que todas esas críticas y comentarios son sólo un espejo de lo que inunda y desborda nuestras cabezas.

Para finalizar, podemos decir que el encanto del Joker radica en su propia aceptación, en asumir como tal su modo de ser y existir; y, por ello, quizás también deberíamos comenzar a hacerlo, antes de pensar en realizar cualquier tipo de acción o protesta.

Pero, en un mundo de individualismos e hipocresías a modo, bien cabría la pena preguntarnos: ¿quién está dispuesto a abrazar su propio Joker o, de lo contrario, quién aspira a convertirse en un hipócrita mesías, que se regodea, ilusoriamente, con el vitoreo de la salvación social?

orlandocarmonas@gmail.com