Política

Matatena

octubre 12, 2019

Ayer se celebró la octava edición del Día Internacional de la Niña con buenos augurios en el nuevo régimen. Vale la pena, sin embargo, dar una ojeada a algunos datos reveladores respecto al completo desbalance que hay entre hombre y mujeres en el mundo. El dominio del hombre es apabullante. El resultado del patriarcado no tanto de su malhadado subproducto, el machismo.

Desde que nacen hasta que mueren, las niñas/mujeres sufren discriminaciones y violencia a lo largo de todas sus vidas. Este país se ha empecinado en exhibir sus patologías patriarcales con la muerte violenta de innumerables mujeres. Veracruz es un caso patético con la tasa de feminicidio más alta del país. Las autoridades poco han podido hacer porque los orígenes de tal patología son profundos y añejos. Por lo pronto, el estado sigue siendo el primer lugar en asesinatos de mujeres por el simple hecho de serlo. Casi 100 mujeres asesinadas en el estado en lo que va del año. Este mismo año han dado a luz en el estado más de 100 niñas menores a 14 años. Se ha obligado a niñas sin el desarrollo físico suficiente a parir vaginalmente.

La violencia nacional contra las mujeres es una violación repetida y grave sorprendentemente tolerada por la sociedad. Un motivo de vergüenza, y si nos atenemos al número de feminicidios en el estado, cargamos como sociedad la vergüenza de haber causado la muerte por indiferencia. Por no reaccionar en los respectivos ámbitos como se debe frente a la violencia. Tal indiferencia es un terrible obstáculo para cualquier pretensión de arribar algún día a un orden social justo y equitativo.

Para la sociedad veracruzana es imperativo terminar con la violencia hacia las niñas y las mujeres, habrá que revisar e intervenir en la formación de un nuevo entramado cultural y de valores que haga impensable la violencia y la impunidad. Si el problema es con ellas, bien pueden ser públicamente criticadas, pero son aceptadas en privado e implícitamente cuando se opta por la pasividad y el silencio frente a la violencia. Mucha de la violencia misógina en el estado obedece a la tolerancia que, al final del día, termina por ser el incentivo más perverso.

Los mensajes en la educación pública deben de cambiar, la familiarización mental de una sociedad con su psique femenina es la tarea impostergable por hacer, si es que se quiere rescatar al país en una sociedad más amorosa, más empática.