Sociedad y Justicia

Don Froylán, el generoso

octubre 06, 2019

El 8 de octubre don Froylán Flores Cancela cumpliría 85 años. Cuando falleció, el pasado 2 de marzo, con él se fue una época del periodismo escrito de Veracruz de la que don Froylán fue el exponente más alto. Las notas que le dedicó Arturo Reyes Isidoro (Al calor político, 4.3.19) son un retrato de cuerpo entero del consejero de políticos, amigo de intelectuales, lector persistente y cuidadoso por igual de periódicos que de libros, que lo convirtió en reportero oportuno, columnista informado y directivo de publicaciones eficaz, gentil y discreto.

Una cronología telegráfica lo ubica a los 14 años escribiendo en un periódico de su natal Misantla; un poco después, reportero en Diario de Xalapa, donde llegó a ser subdirector y autor del Glosario del Momento, columna política aderezada con comentarios bibliográficos y llamados de atención a la clase dirigente, en una prosa cultivada, a veces recargada de sinónimos para enfatizar señalamientos. Ahí lo alcanzó en 1978 el Premio Nacional de Periodismo al lado de Elena Poniatowska; también lo alcanzó la envidia del director del Diario... y don Froylán se fue a fundar el que ha sido el mejor semanario veracruzano: Punto y aparte.

Lo central del semanario era la política local, pero abundaban las notas de lo nacional y lo internacional, no refritas de agencias noticiosas sino originales de autores informados. Los comentarios, críticas y creaciones literarias destacaban en cada entrega. Políticos que abrían el Punto y aparte sólo en busca de premoniciones sobre el devenir del poder –que muchas veces en efecto ahí estaban escritas– se fueron asomando a la literatura y perdieron algo de su analfabetismo funcional.

Don Froylán fue además autor de aforismos certeros, que recogió en los dos opúsculos de Monólogos y diálogos, y un entrevistador acucioso. Reacio a las grabadoras, establecía una conversación relajada que después transcribía de memoria. Así entrevistó al poeta cubano Nicolás Guillén cuando era ya gloria de la Revolucionaria Cubana, a Carlos Monsiváis cuando empezaba a ser el cronista de cronistas, y a multitud de políticos y hasta eclesiásticos. Muchas de esas entrevistas son dignas de una antología al igual que una selección de los Monólogos y diálogos.

Recién fundado el Punto y Aparte envié una carta que se publicó de inmediato. Tímido estudiante llegado de Altotonga, busqué a don Froylán para darle las gracias y me animó a enviar más cartas. A la tercera me pidió que mejor le llevara artículos. Al principio eran unos galimatías que él corregía delante de mí. Reescribía yo el texto varias veces y él me lo corregía otras tantas. Cuando quedaba más o menos legible, don Froylán me daba las gracias e instruía al contador Mendoza que me pagara por el artículo. El último año de mi licenciatura sobreviví de esos ingresos.

Durante el salinato me alejé por completo por no coincidir con la línea del periódico. A finales de los 90 volví a buscar a don Froylán y, como si nos hubiéramos dejado de ver apenas unas semanas, me recibió con la amabilidad y la generosidad de siempre.