Política

La tenue línea entre la tristeza y la depresión

octubre 01, 2019

La depresión es una de las patologías más frecuentes en la sociedad contemporánea. Una de cada cinco personas la padece, aunque no en todas las ocasiones tiene plena conciencia de ello. Esta aseveración nos lleva a las siguientes preguntas: ¿Qué factores la desencadenan? ¿Qué condiciones de la sociedad moderna generan en las personas sentimientos de soledad, desesperación, angustia, impotencia o vacío existencial?

La Organización Mundial de la Salud considera a la depresión una de las principales causas de discapacidad y peligro de muerte en quienes la padecen.

Para adentrarnos en el tema es importante tener en cuenta que, si bien es cierto la depresión tiene determinadas características similares en todas las personas, cada depresión es única, en tanto, posee el sello de la individualidad de quien la vive.

Existen diferentes tipos de depresión y la manifestación e intensidad de los síntomas es variable en cada caso. Podemos referirnos a un episodio depresivo mayor agudo, a una depresión post parto, a una depresión premenstrual, a una depresión asociada a la ingesta de otros medicamentos; o a un trastorno de personalidad distímico, etc. Es muy amplio el espectro y múltiples las posibilidades, no obstante, hay factores que parecen permanecer como una constante, tal es el caso de las descompensaciones hormonales, las fluctuaciones en la química

cerebral (neurotransmisores) y la historia familiar, lo que daría cuenta de un factor genético hereditario.

Existen pruebas para detectar la depresión pero ¿Cómo saber si se está padeciéndola sin visitar a un profesional de la salud? Es muy delgada la línea que en un momento dado puede diferenciar la tristeza profunda de la depresión.

Hace poco tiempo alguien me lo preguntó y quedé perpleja ¿Cómo? ¿No puedes percibir la diferencia entre sentirte profundamente triste y estar en depresión? La respuesta no se hizo esperar: No, tu eres experta en estas cosas, para ti es fácil, pero yo necesito que me expliques.

Este breve diálogo me reveló la dimensión social del problema y surgió entonces la interrogante: ¿Cuántas personas vivirán en depresión sin saberlo? Es lamentable pensar que existen quienes viven convencidos de que se trata de una tristeza que, aunque profunda, pasará. Y así, ven prolongarse sus días de sufrimiento.

La cuestión entonces consiste en identificar la delgada línea entre la tristeza y la depresión.

Hablemos en primer término de la tristeza: Es normal experimentar tristeza en los duelos de cualquier tipo, llámese muerte, divorcio, separación, pérdida de un empleo, amputación de un miembro; también en los cambios de estatus quo como pueden ser la jubilación, un cambio de etapa vital, por ejemplo cuando se cumplen determinados ciclos, cuando los hijos dejan el hogar ("síndrome del nido vacío"), otro motivo puede derivarse de las personas que nos decepcionan o ante la

frustración o la sensación de fracaso, sea cual sea la causa. Cuando este tipo de tristeza se presenta hay un motivo claro que la desencadena, tiene un tiempo de duración (variable en casa persona), posteriormente hay aceptación y se supera el proceso de una manera que los psicólogos denominamos "sana". Hablar de depresión, en cambio, implica sufrimiento devastador, un dolor que los pacientes incluso pueden identificar en su propio cuerpo. La depresión conlleva la imposibilidad de disfrutar o sentir placer, genera apatía, y la sensación de no vivir, sino simplemente ir sobreviviendo, altera los ritmos circadianos, agota, desgasta, y a muchas personas las vence y las lleva a la muerte. La incomprensión de las personas ante alguien que se encuentra en un estado depresivo se deriva justamente de la falta de esa experiencia; es difícil tener referentes de lo que no se ha experimentado, desde esta perspectiva no podemos exigir empatía ante la depresión. La persona que está sufriendo padece de su entorno el estigma, la incomprensión y los comentarios de buena fe, pero carentes de sustento. mientras tanto, ella sabe que está mal, se siente "incapacitada", además de profunda tristeza, tiene alteraciones en pensamientos, sentimientos, sensaciones y emociones; sus patrones de sueño cambian, duerme de más o no puede dormir, en no pocas ocasiones le cuesta trabajo conciliar el sueño , pero también la calidad de las horas que puede dormir es mala; tiene problemas de atención, de concentración y de memoria; le falta energía, puede sentirse irritable, con nerviosismo o sensación de vacío, piensa cosas negativas de sí misma, de su entorno y del futuro; y lo que para los demás parece "normal", para una persona con depresión es todo un esfuerzo:

levantarse, bañarse, comer, trabajar, en suma, las actividades cotidianas , las implicaciones que conlleva vivir en una sociedad.

Es muy importante conocer los estragos que la depresión genera no sólo en quien la padece, sino en su entorno y fundamentalmente en las personas cercanas, como es el caso de la familia. No obstante, para entenderla es importante conocerla en toda su complejidad. Este sería el primer paso para generar empatía entre la persona que sufre y quien la observa como un espectador externo, que, como he señalado, aunque esté animado de las mejores intenciones, suele hacer comentarios que de muy poco o nada sirven, eso sin contar con que, en determinadas ocasiones llegan a lastimar más a quien está ya devastado al sentirse incapaz de responder a un exhorto como: "ánimo", "tu puedes." Su realidad hace inviable la petición.

En su libertad, la persona puede elegir muchas cosas, pero no elige la depresión; la depresión se le presenta, se instala en su vida y la destruye poco a poco, como lo haría cualquier otra enfermedad crónico degenerativa. La gran diferencia es que las psicopatologías originan adicionalmente estigma social; el sólo presentarse como una persona depresiva o tomar antidepresivos, produce una reacción prejuiciosa en los demás, porque no se percibe igual tomar un analgésico o un antiinflamatorio que un antidepresivo. Para agravar la situación, encontrar el medicamento adecuado en la dosis correcta para cada persona también es muy difícil y algunos de los pacientes suelen quejarse de los efectos secundarios, que varían desde el sentir la boca seca, con sabor metálico, experimentar algún área de la cabeza entumecida, hasta tener la sensación de estar literalmente dopado.

Que una persona admita su depresión sin sentirse mal, culpable u ofendida por ello, es el primer paso para superarla, porque es entonces cuando emerge la capacidad de pedir auxilio. Justamente por eso, el acompañamiento de un verdadero profesional, ya sea psicólogo o psiquiatra es factor fundamental. Quien acompaña a la persona que sufre depresión, deberá contar con la empatía necesaria y al mismo tiempo con la calidez y la fuerza para hacer frente al problema. Es importante comprender que, para cualquier ser humano, mostrarse frágil e indefenso ante otra persona ya es difícil. Qué compromiso tan grande ser ese profesional de la salud a quien una persona se dirige en su momento más vulnerable en busca de ayuda.

Como ya he mencionado, la depresión puede manifestarse en diferentes grados, desde una leve que es más fácil de confundir con tristeza, hasta la más severa, que puede llevar a quien la padece al suicidio, cuando el sufrimiento ya acabó con todas las reservas de fuerza y capacidad para resistir.

Dedico estas líneas con cariño y agradecimiento a las personas que me han elegido como su compañera de viaje para transitar del árido camino de la depresión, hacia una renovada forma de experimentar la vida