Política

Cuestión de enfoques

septiembre 25, 2019

Hace un par de días el delegado federal Manuel Huerta sugirió que se presta demasiada atención a la información de los decires y haceres de ex funcionarios públicos presos por corrupción en diversas modalidades. En efecto, los medios informativos han mostrado especial interés en el desarrollo de las diversas acusaciones o sugerencias mutuas de corrupción entre funcionarios de gobiernos anteriores. Especialmente los de Javier Duarte, encarcelados durante el gobierno de Miguel Ángel Yunes, que lo sucedió.

En efecto, hay un interés periodístico en el tema, además de que se asume que el gobierno tiene una postura definida e informada al respecto. Es natural que los reporteros pregunten al respecto. La sociedad, permanentemente decepcionada y burlada por el régimen neoliberal, tiene especial interés en que los señalados de corrupción sean castigados luego si se les encuentra culpables. La lista es muy grande.

En estos tiempos agitados de cambio de régimen nacional, no debe ser sencillo mantener algún tipo de influencia determinante de la agenda pública. Pero eso es problema de los profesionales de la comunicación.

Es clarísimo que la agenda del interés público pasa por dos ejes determinantes: la violencia y la seguridad pública. Hay otros muchos asuntos que son del interés público y gubernamental, pero no siempre tienen la fuerza para desplazar ímpetu del momento. Que es el caso de las reacciones por la remoción de Winckler.

Bien, ¿por qué no poner el interés en resolver los muy serios problemas que enfrentan las niñas víctimas de abuso que fueron embarazadas y a las que los médicos ideologizados auto erigidos en sancionadores les niegan el derecho de interrumpir la gestación?