Política

CETERIS PARIBUS No es por populismo, es por soberanía y seguridad nacional!

septiembre 21, 2019

En un artículo anterior señalé que la soberanía de un país se ve mermada en la medida en que es dependiente del exterior en al menos tres áreas estratégicas: su energía, su economía, y su alimentación. En ese análisis señalé que la excesiva dependencia comercial-financiera que México tiene con Estados Unidos de América (EUA), así como la dependencia energética y alimentaria que mantiene con ese país, merman su posibilidad de lograr un crecimiento endógeno (Véase http://www.jornadaveracruz.com.mx/Post.aspx?id=190610_074721_122).

Lo anterior sale a colación a raíz del ataque perpetrado el fin de semana pasado en contra de las instalaciones petroleras de la empresa SAUDI ARAMCO en Arabia Saudita, la principal empresa petrolera en el mundo, con una producción diaria de 10 millones de barriles de petróleo. Esto provocó pánico en los mercados financieros internacionales, con el consecuente aumento en los precios del petróleo. De hecho, la mezcla mexicana registró un aumento significativo después de este suceso, al pasar de 56 dólares a 63.66 dólares por barril de petróleo unos días después.

Esta situación genera efectos difusos sobre las finanzas públicas de la nación, pues, por una parte, al aumentar el precio de la mezcla mexicana, aumenta también los ingresos de PEMEX y los de la hacienda pública, pero, por el otro, el aumento en el costo de los petrolíferos (gasolina, diésel y otros) generan presiones inflacionarias sobre el precio de los combustibles, con el resultado de que se acerca a un juego de suma cero, en donde lo que se gana por lo que se vende (barril de petróleo) se pierde con lo que se compra (los combustibles). Un dato: México tiene un déficit en su balanza comercial energética, lo cual quiere decir que el valor de lo que compramos por este concepto del exterior supera a lo que le vendemos.

De ahí que la estrategia del presidente de ampliar y construir refinerías es acertada, porque más allá de los aspectos económicos de costo-beneficio, hay una cuestión de seguridad nacional. Hay que ser verdaderamente ingenuo para creer que un tema de tal relevancia se le pueda dejar al libre mercado.

No es casual que al país que se le considera ejemplo del libre mercado, EUA, considere el tema energético como un aspecto no sólo económico, sino de seguridad nacional. De hecho, hace unos días la BBC News publicó que EUA mantiene bajo tierra millones de barriles de petróleo como reserva estratégica.

En un escenario -ya no impensable- de una guerra en medio oriente que involucre la intervención militar de EUA, Rusia y China querrán también intervenir para evitar que sus intereses geopolíticos sean afectados, en una conflagración bélica que fácilmente puede escalar y poner en riesgo el suministro de combustible de México proveniente de EUA, pues en un conflicto armado estas reservas serán estratégicas para alimentar a la industria de guerra. ¿Qué pasaría si el vecino del norte decide dejar de vendernos por una cuestión de "seguridad nacional"?, ¿Se imagina cómo eso colapsaría la frágil y dependiente economía mexicana?

Tal vez el escenario recién narrado le parezca poco probable y apocalíptico, pero lo cierto es que con Trump nunca se sabe. Imagine qué sucedería si el próximo año, que hay elecciones en EUA, Trump va abajo en las encuestas electorales y, en un acto desesperado para ganar simpatías, decide unilateralmente cerrar fronteras con México alegando cuestiones de "seguridad nacional", algo que los vecinos del norte toman muy en serio. ¿Se imagina usted que Trump utilice como medio de presión cerrar las importaciones de petrolíferos hacia México para obligarnos a ser el tercer país seguro? Evidentemente México doblaría las manos, pues el costo de importar estas "materias primas estratégicas" de otro país sería muy costoso, ocasionando un proceso inflacionario en el país y rompiendo la promesa de campaña del presidente mexicano de no subir el precio de los energéticos.

Las vulnerabilidades de México son evidentes, pero no sólo en el tema de la energía, también, como señalé en un artículo previo, en seguridad alimentaria y en su relación comercial-financiera.

Así, mientras México aplicó las recetas económicas dictadas desde exterior y desmanteló el fomento a la producción agropecuaria para dejarlo al mínimo, los países desarrollados mantienen un sector agrícola altamente intervenido. Incluso un país como Japón, que a todas luces le resulta mejor importar arroz del exterior, mantiene una fuerte política pública que subsidia la producción del arroz, no por una cuestión de costo-beneficio, sino por una cuestión de soberanía y seguridad nacional. El propio EUA mantiene un sector agrícola altamente intervenido, con subsidios a los agricultores en la producción de granos básicos. Allí el apoyo al campo no se le llama "populismo", se le llama "cuestión de seguridad nacional". Hoy México es uno de sus principales compradores de maíz y otros granos básicos.

En ese sentido, los precios de garantía que recién estableció el gobierno federal no es solo para estimular la economía agrícola, es también para recuperar la seguridad alimentaria. Y no, no es populismo, es cuestión de seguridad nacional para México.

De la dependencia comercial y financiera con el exterior, que ya abordé en un artículo previo, señalé la necesidad de reducir la dependencia de un solo socio comercial y empezar a diversificar. Hoy el 80% de las exportaciones de México se dirigen a un solo país: EUA.

Así las cosas, los riesgos globales y la vulnerabilidad de la economía mexicana son cada vez más evidentes, por lo que el Gobierno federal deberá buscar fuentes de desarrollo endógeno. Fortalecer el mercado interno a través de una mezcla estratégica de inversión pública y privada, orientada al desarrollo de la planta productiva estratégica del país, es la vía para impulsar el crecimiento económico.

La inversión en la industria energética y la inversión en el sector agropecuario, sectores económicos intensivos en mano de obra y con efectos de arrastre hacia otros sectores productivos, es el camino obligado; lo mismo que la inversión en infraestructura, un sector con efectos multiplicadores sobre la economía y detonador de empleo. En gran reto de este gobierno será no sólo buscar ahorros y mejorar su recaudación para canalizar esos fondos a inversión productiva, sino que su curva de aprendizaje disminuya para no generar retrasos en la aplicación del gasto público.

La política social también debe ser cuestión de seguridad nacional, pues una sociedad polarizada pone en riesgo la gobernabilidad democrática. De acuerdo a CONEVAL, en México existen 52.4 millones pobres pero, al mismo tiempo, en la listas de los hombres más ricos del mundo figuran varios mexicanos. Lo paradójico es que no son empresarios innovadores, (no veo un Steve Jobs o un Bill Gates), sino empresarios que amasaron fortunas al amparo del poder. Ya sea por condonación de impuestos, transferencias de fondos fiscales (bajo el nombre de fomento económico) o por relaciones clientelares con el gobierno, el capitalismo de México ha sido un capitalismo de cuates, en donde el crecimiento de la empresa estuvo, no en función de su innovación, sino en función de sus relaciones con los que detentan el poder.

El gobierno de López Obrador tendrá que poner a calentar más los motores de la economía en un escenario de fragilidad y riesgos globales. La apuesta deberá ser el mercado interno. Desde luego que es necesario crear condiciones competitivas en los mercados, propiciar un ambiente de innovación, facilitar las condiciones de inversión mediante un gobierno ágil, crear y ampliar infraestructura física y blanda, generar bienes y servicios públicos de calidad y a precios competitivos, y con un marco legal que ofrezca garantía a la inversión. Pero no olvidar que hay sectores estratégicos como la energía, la alimentación y la economía que simplemente no pueden ser dejados totalmente al mercado. Y no, no es populismo, es simplemente por soberanía y seguridad nacional.

Email: alberteconomic@hotmail.com

*Doctor en Finanzas Públicas, Maestro en Administración y Políticas Públicas y Licenciado en Economía