Política

La mala leche

septiembre 14, 2019

Los veracruzanos vivimos tiempos agitados. Los gobiernos neoliberales recientes realmente se empeñaron en validar la observación del economista Stigliz de que no hay neoliberalismo posible sin corrupción gubernamental. Binomio indisoluble por la simple razón de que el propósito del neoliberalismo es desmantelar el Estado a su mínima expresión posible, acotándolo a funciones meramente administrativas y, aun así, permitir sin demasiados pudores la corrupción de los servidores públicos de "carrera", por llamarlos de algún modo. Esto para facilitar la instrumentación de políticas gubernamentales que favorezcan la acumulación de las élites económico políticas. Especialmente las nuevas élites educadas y formadas en universidades norteamericanas o en escuelas nacionales abocadas a la formación de cuadros profesionales en esa particular forma de entender al Estado y sus obligaciones.

Existe incluso la alta probabilidad de que buena parte de los reportes de desempeño y cifras ofrecidas por esos gobiernos fueran sistémica y sistemáticamente maquilladas. Menudo problema porque es probable que las cosas en el estado estén bastante peor de lo que aceptaban los gobiernos del régimen anterior. Del "ancien regime" como diría el clásico. Porque Veracruz tiene un ex gobernador militante que no procesa –y muy probablemente no lo hará– que se le escapara entre los dedos la posibilidad de beneficios patrimoniales inconmensurables para sus arcas familiares. Desvíos del deseo exacerbado, avaricia le llaman.

A diferencia de lo que sucede a nivel federal, la escala de la resistencia burocrático interna es proporcionalmente mayor y de mayor impacto. Boicot administrativo por razones de agenda política. Nomás para irse apercibiendo de la dimensión del diferendo. La diferencia ideológica entre el nuevo régimen y el neoliberalismo es completa. Son excluyentes. Y no tanto por razones de corrupción, que desde luego lo implica, como por razones de prioridad del Estado y razón de ser de todas las políticas públicas: el bienestar del individuo en una colectividad colaborativa.

Un Estado que produce malestar, pobreza y violencia para sus gobernados es claramente un Estado diseñado para eso. No es casual. Es posible pensar y aspirar a un arreglo distinto, a un diseño de Estado en donde el centro de los acuerdos estabilizadores sea el bienestar creciente de los gobernados. Ya sea ha hecho, fueron los años del desarrollo estabilizador posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Esta vez sin corrupción gubernamental. No suena mal, desde luego, pero es precisamente esa una de las principales razones por la que los poderes fácticos del Estado ponen tanto esmero en sabotear.