Política

Voto de confianza

septiembre 10, 2019

Primero que nada, el natural beneficio de la duda para que el escepticismo natural de quienes ven en la incorporación de la fiscal estatal, Verónica Hernández Giadáns, una pesada cuesta arriba dadas las frágiles condiciones de impartición de justicia que se consolidaron durante la gestión de Jorge Winckler Ortiz, tenga la ocasión de festinar su apuesta, o aceptar que, en efecto, el género nada tiene que ver con la capacidad para desempeñar cualquier cargo público.

Aunque es conocido que no cuenta con abultado currículum en esa materia tan específica de la exigente FGE, resulta lógico suponer que habrá de allegarse de personal que le aporte conocimientos y experiencia, a diferencia de su antecesor que llegó con la consigna de desechar todo lo que oliera al pasado y de transformar a la Fiscalía en una agencia de colocaciones del municipio de Boca del Río, que volvió así a la institución en un puesto de avanzada para la candidatura gubernamental del hijo del ex gobernador panista.

Los resultados de los dos años del yunato en materia de procuración justicia terminaron por llevar al estado a un peligroso callejón sin salida, en el que presuntas complicidades de autoridades y delincuentes, confundieron los límites de la legalidad con los del encubrimiento de peligrosas células delincuenciales.

En segunda instancia, el nombramiento por la Legislatura de Hernández Giadáns destaca que la incorporación de la mujer en el mercado de trabajo no tiene límites y busca consolidar la igualdad de oportunidades en el empleo y la ocupación, aunque diversos indicadores (Mejores países para ser mujer del US News-Report 2019) señalan que México cayó al puesto 60 de 80. Lo anterior quiere decir que países como Kazakhstan (59), Turquía (52), Israel (43) y Arabia Saudita (41) superan al país en temas de derechos humanos, igualdad de género, progreso, seguridad e igualdad de ingresos.

En el ámbito local, la primer mujer en ocupar ese importante cargo en la historia de la entidad es en sí mismo un signo alentador, pues cualitativamente y pese a que aún existe gran disparidad entre hombres y mujeres que ocupan sitios de toma de decisión en el poder público o en cargo de elección, aún presenta una gran desventaja para las segundas, la oportunidad para Verónica es una señal positiva.

La responsabilidad es mayúscula y de su capacidad para articular acciones con la Federación y las áreas de seguridad pública estatal dependerá en gran medida para que ese escepticismo –insuflado por los grupos desplazados dentro de la FGE, así como de quienes fueron rechazados por la ciudadanía en julio del año pasado–, se transforme en una voto de confianza para que la institución se convierta en el órgano de procuración de justicia que reclama la sociedad.