Política

De los "miniwincklers" a Los Desaparecidos

septiembre 06, 2019

Producto del fortuito hallazgo de algunos fetiches, fotografías y figurillas olvidadas en su oficina tras la apresurada operación de extracción de documentos comprometedores, que incondicionales de Jorge Winckler Ortiz hicieron tras conocerse la determinación de la Legislatura de separarlo del cargo por incumplir su certificación como servidor público del sistema nacional de Seguridad Pública, es posible entender no sólo su fría y antipática actitud personal ante la desgracia de miles de familias veracruzanas, sino en general de la actuación de la Fiscalía General del Estado en el marco de la aguda crisis de seguridad que vive la entidad, señalada, entre otras cosas, por la desaparición de miles de personas.

Acostumbrado al apoyo incondicional del ex gobernador Miguel Ángel Yunes, a quien le sirve además como abogado para asuntos particulares de la familia, el ex fiscal desarrolló una extraña personalidad, afectada sin duda por el servilismo de sus incondicionales y la inexperiencia propia, sustentada en la autorreferencia y un raro culto a la personalidad pocas veces visto en épocas recientes.

La presencia de "pequeños wincklers", utilizados como adorno en las oficinas de sus principales colaboradores, y sus omnipresentes fotografías ubicadas en todas las oficinas de la FGE, confluyen con la obscenidad de aquel equipo de futbol de empleados de la dependencia, "Los Desaparecidos", que en junio del año pasado fue patrocinado por el fiscal yunista y era capitaneado por el subprocurador, Luis Eduardo Coronel, el cual se congratulaba de contar entre sus refuerzos de lujo al actual fiscal Anticorrupción, Marcos Even Torres.

De sus éxitos deportivos poco se sabe, pero la magnitud de la mofa resulta abrumadora en el desgraciado estado de las cosas que con su indolencia y falta de escrúpulos, la FGE toleró durante la gestión del gobierno panista-perredista y que ha convertido a Veracruz en desgraciada referente de un estado en el que se violan los derechos humanos a diario.

Salvo un reducido grupo de incondicionales y afines al gobierno yunista, también poco se conoce de los alcances intelectuales y políticos de Winckler Ortiz para estar en condición de analizar los recovecos de una mente, sin duda, torcida, dadas las evidencias superficiales presentadas en la primera plana de La Jornada Veracruz.

Era sabida la ciega y servil inclinación de Winckler Ortiz ante la personalidad de Yunes Linares y quizá ello ayude a explicar su afán de convertir sus anémicos méritos profesionales en una personalidad que trascendiera, convertida en fetiches e imágenes, pero que además ayudara a la concepción idealista de la historia propuesta por la familia Yunes en busca de perpetuarse en el poder, simplemente por su poderosa influencia, sin considerar la acción y sentimiento de la agente común y corriente, esa misma que en los comicios del 2018 les hizo ver que el poder ciudadano es mayor que el de los "grandes hombres".

Es probable, además, que –dadas sus evidentes limitaciones– Winckler Ortiz supusiera que sus "pequeños wincklers" pudieran servir para reforzar la ideología del yunismo, y que en ese mismo sentido apuntalaran su posición política de líder en el seno de la FGE, además de promover la obstinación del panismo en volver a empoderar a la familia Yunes para facilitarle su revancha política.

Más allá de lo anterior, es por ello que se entiende la cerrada obstinación del ex fiscal yunista por tratar de mantenerse en un cargo que se había convertido –de ser ciertas las afirmaciones de funcionarios del gobierno morenista– en una institución cómplice de las peores expresiones de la delincuencia organizada, inclusive como protector de capos de la mafia y jefes de plaza. Lo que está en juego es demasiado serio para Veracruz y encuentra en las banalidades de los fetiches winckleristas una razón más para analizar los pormenores de lo acontecido el pasado 2 de septiembre en la Legislatura.