Política

Sustantivas

septiembre 04, 2019

En la discusión sobre la violencia crónica que vive el país desde que Felipe Calderón y la cáfila neoliberal que lo impuso se hicieran con el poder, se ha dicho diariamente cantidad de teorías explicativas. Si la violencia ha llegado a los niveles de patología terrorista que ha sufrido y encajado la sociedad veracruzana, ello obedece no sólo a una instrumentación de políticas públicas chatas, ineficaces y básicamente reactivas, sino que, en el diseño de las políticas y los procesos de toma de decisiones, lo que ha prevalecido es una mentalidad patriarcal. Esto es, prevalece una mentalidad individualista, poco colaborativa, que convierte al semejante en un enemigo potencial al que hay que dominar y eventualmente destruir.

El patriarcado no es sólo la mera predominancia de lo masculino sobre lo femenino, que de suyo ya es mucho decir; el patriarcado es un sistema de prácticas y dominación de pensamiento que cosifica y hace ajenos a los semejantes. Los enfrenta, los incita a la competencia y dominación, a triunfar como expresión y demostración de éxito. Y el éxito es apenas precondición para la mera satisfacción de los deseos.

Esto es compartido indistintamente por hombres y mujeres. De hecho, son las mujeres quienes más reproducen tal sistema de dominación al educar a los párvulos en el preescolar y la casa. Edad crítica en formación del individuo en la que se absorbe, literalmente, todo. La mentalidad patriarcal no es en absoluto exclusiva de los hombres.

En promedio, diariamente mueren de forma dolosa cien personas en el país. Diariamente. En los últimos tres días se superó esa cantidad, lo que demuestra que el cambio pasa por mucho más que un mero cambio de administradores. Exige cambiar no sólo los hábitos patrimonialistas de los gobernantes, sino la mentalidad de los gobernados que permitió que esos gobernantes permanecieran tanto tiempo haciendo daño. Tal mentalidad es la del patriarcado. Excluyente, obseso, competitivo, antipático, con serios problemas para entender las necesidades y dificultades de los iguales. Obsesionado por subrayar las diferencias, sean de piel, ingreso económico o definición sexual.

El sistema patriarcal es escatológico. Es mortal, opuesto a la vida. Por eso la destruye, la cosifica, la mata. Por eso la emprende patológica y viciosamente contra las mujeres. Y, hasta ahora, por cada sociópata de reflejos edípicos irresueltos que la emprende a golpes contra una mujer ha habido un ministerio público o un juez que, hostiles a la mujer que denuncia, permiten la violencia y protegen al agresor. Es la mentalidad que alienta y protege la concentración obscena de la riqueza y cuida de los saqueadores. El "no te preocupes Rosario" aún resuena ofensivo en la memoria de los gobernados. Y quien operó la Estafa Maestra fue una mujer. El patriarcado es mucho más que una mentalidad compartida y dominante. Es un sistema maestro en el que operan todos los demás subsistemas. Desde el económico hasta el educativo.

Incidir en y cambiar esa mentalidad es imperativo hoy, si es que se quiere realmente cambiar al y derrotar sistémicamente al neoliberalismo. Para hacerlo hay que acotar y disminuir significativamente el imperio de las lógicas tradicionales.

Los roles asignados, el de poder y dominación del hombre y el de servicio y sumisión de la mujer, se sostienen y perpetúan gracias al soporte del conjunto de la sociedad: el Estado, la Justicia, las leyes y normas, las costumbres, las creencias. En suma, el sistema patriarcal.