Política

Disfuncionales

septiembre 03, 2019

Veracruz sigue siendo la escenografía del horror. La descomposición, la pérdida del sentido más elemental de la convivencia social y la imposibilidad de apaciguar la violencia hacen que la infamia se cebe sobre los débiles, los más vulnerables.

Una de las tantas pandillas de sociópatas que pululan por el estado al servicio de poderes criminales fácticos cercenaron las manos de un adolescente y, sin más, las arrojaron frente a la escuela de la víctima. ¿Qué más debe la sociedad esperar que suceda? ¿Qué piensan las autoridades en funciones de su consistentemente probada ineficacia y torpeza? ¿Qué sienten el secretario de Gobierno y el fiscal general del estado cuando se enteran de que a un adolescente le cercenaron las manos? ¿Tienen acaso el prurito de tratar de empatizar con el horror de un muchacho sujeto por la fuerza, el brazo extendido cuando una sierra o maldita la cosa se ceba inmisericorde en sus carnes para separarlo de sus manos?

¿Se pueden imaginar, carajo, ya no digamos sentir, la dimensión del terror? ¿Pueden avizorar pese a sus taras el futuro traumatizado del chico? ¿Lo sienten? ¿Les duele? O sólo son capaces de "lamentar" los terribles acontecimientos. Como siempre hacen porque no atinan siquiera a buscar un sinónimo de lamentar, deplorar, por ejemplo.

Servidores públicos por inercia en tiempos de cambio de paradigma. De una irresponsabilidad océanica. Uno, porque en la ligereza de la estudiada campechanería de un nuevo gobierno y que repudia las formas anteriores, se desplaza con comentarios y aseveraciones que comprometen la autoridad del gobernador. Otro, porque a punto de entrar a una reunión de gabinete, la emprende contra el secretario de Gobierno. En su completo papel de zapador contra el gobierno.

Mientras eso sucede los gobernados asumen los costos. Son los pagadores de las torpezas y consignas de tomadores de decisiones. No cualquieras decisiones, sino aquellas que tienen que ver con la parte más descarnada de una sociedad profundamente agraviada. La seguridad pública.

¿Qué calaña de funcionarios tenemos? ¿Con eso la sociedad debe sentirse tranquila, protegida?

Hay un problema sistémico que arrastramos de tres gobiernos. Cada uno en degradación progresiva. Incluyendo éste. Es una mala lectura que exige actuar en consecuencia.

Entre la estulticia y la consigna de estorbar, los veracruzanos tienen que encajar la indefensión. Mala cosa.