Política

Informe

septiembre 02, 2019

Para muchos, especialmente para los que no lo vivieron por edad o por oponerse decididamente a la idea, el mensaje político asociado al primer informe de gobierno fue una vuelta al pasado. En efecto, lo es. Al pasado del régimen post revolucionario.

Los regímenes post revolucionarios –hasta López Portillo– tuvieron dos pilares de sustentación: una economía capitalista orientada hacia lo social, y en ocasiones dirigida, por el Estado; y un especial empeño en un reparto horizontal de la riqueza.

El esquema que permitió que un país agrícola de campesinos empobrecidos y una clase obrera apenas incipiente se levantara con una propuesta singular de economía mixta. La primera revolución social del mundo que funcionó hasta que López Portillo nacionalizara en un arrebato sentimental el sistema de pagos, la banca, y el FMI y el BM impusieran al neoliberal Miguel de la Madrid como su sucesor. De ahí, casi cuatro décadas de oscurantismo depredador que lanzó a más de la mitad de la población mexicana a la pobreza, buena parte de ellos a la pobreza extrema multidimensional.

Es claro que parte significativa de las clases medias semi alfabetas se opone visceralmente al cambio de régimen, es muy posible que ello obedezca a los años de golpeteo propagandístico ideológico neoliberal. Es correcto el escepticismo, incluso es conveniente.

Pero hay cosas por hacer, corregir, desmontar y reconstruir –el Estado, por ejemplo–, y eso se hará necesariamente con una sociedad activa que asuma su responsabilidad y participe en la construcción de una nueva institucionalidad. Al tiempo.