Cultura

Un edificio con historia: el Claustro de Sor Juana

agosto 25, 2019

Uno de los inmuebles más emblemáticos en la Ciudad de México es el Claustro de Sor Juana, ligado a la cultura y poseedor de una interesante historia. En 1979 le fue otorgado a la Universidad del Claustro de Sor Juana, por decreto presidencial, convirtiéndose desde entonces en el único ex convento que alberga a una institución de educación superior; en su biblioteca se encuentra el Centro de Documentación Sor Juana Inés de la Cruz.

La obra de Sor Juana se enmarca dentro de la gran tradición cultural novohispana, producto del crisol transcultural que durante los 300 años del virreinato se gestó, impactando en el desarrollo del urbanismo, la arquitectura, el arte y la ciencia, dando origen a una cultura mestiza que generó su propia estética. Dentro de este proceso transcultural, un elemento fundamental fueron las órdenes religiosas llegadas a México a partir de 1523, con los frailes Franciscanos, Dominicos, Agustinos, Jesuitas, Mercedarios; así como las órdenes femeninas de las Concepcionistas, Capuchinas, Carmelitas y Jerónimas, entre otras.

A partir de la construcción de la catedral de la Ciudad de México iniciada en 1573, el trazo urbano de la ciudad, los palacios y conventos; estas edificaciones se convirtieron en elementos arquitectónicos representativos de la sociedad novohispana. En este contexto socio cultural destacó la creación de la Real y Pontificia Universidad de México en 1551; y el inicio de la tradición editorial en México a partir de 1539, año en que se imprimió el primer libro en México.

Para 1698 se contabilizaban en la Ciudad de México 29 conventos de frailes y 22 de monjas, dedicados a la beneficencia y a la enseñanza. Dentro de los edificios más representativos de este periodo destaca el Convento de San Jerónimo, donde profesó y vivió durante 27 años Sor Juana Inés de la Cruz. Cabe señalar que la orden de las monjas jerónimas deviene de la orden de San Agustín, misma que aunque llegó a México en 1533, fue hasta 1585 que contó con un convento, gracias a doña Isabel de Guevara, que unió las casas de su madre doña Isabel de Barrios con la de don Alonso Ortiz. El nombre original fue Convento de Nuestra Señora de la Expectación, de la Orden de Nuestro Padre San Jerónimo de la Ciudad de México.

La arquitectura es de estilo barroco herreriano; la iglesia se diseñó sobre una planta de cruz, originalmente poseía una torre con campanario, una cúpula semiesférica y dos coros. Por su parte, el claustro contaba con seis patios: Patio del Gran Claustro, Patio de los gatos, Patio de los confesionarios, Patio de las Novicias, Patio de la fundación y Patio de los cipreses; fuentes, celdas, sala de estar, cocina y anexo un colegio para niñas.

El ingreso de las novicias al convento era autorizado directamente por el obispo, estas debían ser españolas o criollas y pagar una dote de 3 mil pesos en oro para ser aceptadas. Las monjas podían tener en su celda: cama, colchón, almohada, utensilios diversos como libros o imágenes; Sor Juana tenía una celda de dos pisos, donde pudo conjuntar una biblioteca de aproximadamente 4 mil volúmenes; entre libros de teología, poesía, filosofía, música, muchos de los cuales le fueron regalados; así como instrumentos musicales y científicos.

En 1695 en la Ciudad de México hubo una epidemia de tifus; en el claustro murieron muchas religiosas; Sor Juana que ayudó a cuidarlas, murió el 17 de abril a los 43 años de edad. Se sabe que encargó a su amigo el padre José de Lombeyda la venta de sus libros y la entrega del dinero obtenido al arzobispo Francisco de Aguiar, como ayuda a los pobres. Fue enterrada en el Claustro, en su lápida se escribió: "En este recinto que es el coro bajo y entierro de las monjas de San Jerónimo fue sepultada Sor Juana Inés de la Cruz el 17 de abril de 1695", la oración fúnebre la dijo su amigo Carlos de Sigüenza y Góngora.

Para 1867, debido a las leyes de desamortización el Claustro fue otorgado al gobierno que lo utilizó como cuartel, caballería y hospital. Con el paso del tiempo sufrió afectaciones debido a temblores e inundaciones. A finales del siglo XIX se le otorgó en pago al arquitecto Antonio Rivas Mercado, quien lo cedió a sus hijas Alicia y Antonieta; esta última construyó en el inmueble el teatro "Ulises" y el salón de baile nocturno "El Pirata", que devino en el "Symirna Dancing Club". Después se utilizó cómo vecindad, estacionamiento y locales comerciales. En 1971 fue expropiado, y en 1979 declarado oficialmente Patrimonio de la Nación y posteriormente Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Finalmente, tras una de una agitada historia, el convento está dedicado a la cultura y la enseñanza, albergando a la Universidad del Claustro de Sor Juana.