Política

Caminos al re entendimiento

agosto 23, 2019

Treinta y siete años de capitalismo neoliberal han sido devastadores para el planeta y la humanidad. La miseria hambrienta a la que destinó a millones de seres humanos, la ignorancia trans generacional y la violencia crónica, bien pueden compararse con las amarguras letales de la Edad Media. Quizá no haya habido una peste que fulminara a la quinta parte de la población de un continente, pero punto menos y sí su equivalente.

La aplicación a raja de los principios económicos neoliberales fue algo que ninguna élite gobernante del continente aplicó como dogma. Las élites gobernantes mexicanas sí. Un grupúsculo de tecnócratas formados en las mejores escuelas de economía de las universidades del noreste norteamericano –la Ivy League, por la hiedra que cubre sus fachadas– se dedicaron a aplicarlas con fanatismo religioso. Dogmático, pues. Los costos sociales fueron altísimos. A eso se suma la criminal guerra interna desatada por un cretino de poca alzada y su cáfila de tecnócratas mampolones para distraer y medio legitimar el robo de la voluntad del pueblo. El trauma de la sangría, la violencia aleatoria, y la presión cotidiana del empobrecimiento irreversible son causas suficientes para la degradación del tejido social. Hay que agregar, además, la ofensiva ideológica por el individualismo y la difuminación de las relaciones colaborativas.

El resultado es que hoy, a contrapelo de la buena expectativa por el cambio de régimen, los tomadores de decisiones tienen que trabajar con normas de convivencia profundamente degradadas o ausentes, y una enredada madeja de macro y micro poderes fácticos decididos a boicotear los procesos de sanación social.

Tal es el contexto que podría explicar que un puñado de encapuchados se apersonaran a grafitear e intervenir los muros del palacio municipal de Altotonga, en horas de atención al público.

Es preciso aceptar, sin embargo, que antes que una manifestación de violencia la intervención podría tener el perfil de una protesta de descontento. Los hechos se dieron mientras el Cabildo se reunía. Aunque esto es algo que el propio alcalde desestima toda vez que afirma que en redes sociales circulaba información sobre los hechos antes que éstos ocurrieran.

Así, puede no ser una manifestación espontánea, pero algo pasa en el lugar que es preciso aclarar para efectos de restaurar reglas confiables para procesar las diferencias.