Cultura

Música y educación en la sociedad mexica

agosto 11, 2019

México puede preciarse de poseer una gran tradición artística y cultural que surgió de la amalgama entre la cultura mexica y la influencia directa del barroco español.

Para el pueblo mexica la educación era de suma importancia; las escuelas estaban adscritas a los templos, los niños ingresaban a temprana edad para aprender a ser útiles en la sociedad y formarse para el servicio religioso o para la guerra.

El colegio principal era el Calmecac, que estaba dedicado a Quetzalcóatl; allí estudiaban únicamente los hijos de la nobleza a quienes se les preparaba para ser tlatoani o rey, gobernantes, militares de alto rango o sacerdotes; ellos recibían una esmerada educación porque representarían a la justicia, la religiosidad y la fortaleza física.

Los jóvenes nobles estaban destinados a ocupar altos puestos en el gobierno, por eso aprendían a respetar y escuchar atentamente a los sabios ancianos, los tlamatinimes, que disertaban en arengas sobre la conducta digna, los valores y la justicia; asimismo, se les enseñaba a expresarse de manera correcta, hablar en público en el náhuatl que se utilizaba para la política; como parte de su formación estudiaban astrología, y el arte de interpretar los sueños. La disciplina en el Calmecac era tan rígida, que dicha institución era llamada "casa de penitencia y lágrimas". Los maestros del Calmecac accedían al magisterio por méritos propios, formaban parte de una alta jerarquía debido a su trayectoria; los más destacados militares eran los encargados de enseñar el arte de la guerra.

Como parte de su rutina, al caer la tarde, los jóvenes alumnos se reunían en el Cuicacalli, donde aprendían alabanzas a los dioses, música, danza e historia que mediante la narrativa de hechos relevantes memorizaban apoyándose en el ritmo de los textos; los maestros del Cuicacalli eran sacerdotes especializados en música que se organizaban jerárquicamente; el tlapizcatzin era el maestro que estaba a cargo de enseñar los cantos y marcar el ritmo; el tzapotlateohuatzin era el encargado de que el coro practicara todos los días; y el tlamazateutl vigilaba que los alumnos cantaran correctamente. Había también un músico poeta experto en el calendario ritual, el epcoaquacuiltzin, quien se encargaba de componer los cantos nuevos. A esta escuela acudían jóvenes de ambos sexos que recibían clases en salas separadas, se reunían únicamente para practicar cantos y bailes. Cuando asistían al Cuicacalli eran custodiados por ancianos y ancianas encargados de vigilar que se cumplieran las estrictas reglas de comportamiento social.

El Telpuchcalli era la escuela para jóvenes plebeyos, este centro estaba dedicado a preparar a los futuros soldados; sus estudiantes recibían adiestramiento físico, estudiaban historia, religión, música y danza, de esta escuela egresaban jefes militares.

El calendario mexica dividía el año solar en 18 meses lunares de 20 días cada uno, más cinco días extras que sumaban 365 días anuales; cada mes comprendía festividades religiosas dedicadas a sus dioses, todas acompañadas de canto, música y danza. En el Mixcoalli se enseñaba a los jóvenes a construir y tocar instrumentos como el teponaztli, huehuetl, tlapitzalli y quiquiztli. En Tenochtitlan los músicos de los templos cumplían una función importante, eran los encargados de llamar a los fieles a la oración, mediante fanfarrias que se tocaban a intervalos precisos, se rezaba cantando cinco veces por la noche y cuatro por el día.

El pueblo mexica estaba acostumbrado a celebrar sus rituales acompañados con música y canto; las melodías eran básicamente pentáfonas –de cinco sonidos–, los ritmos se acompañaban con instrumentos de percusión, principalmente tambores. Como no desarrollaron un sistema de notación musical, no existen registros musicales escritos, las referencias existentes son específicamente iconográficas y arqueológicas.

Una vez consumada la conquista, fray Pedro de Gante, monje franciscano procedente de Flandes, abrió en 1526 su famosa escuela "San José de los naturales", allí niños y jóvenes aprendían artes y oficios, latín, escritura y música; pasaban entre 4 y 5 horas cantando oraciones elaboradas sobre complejas líneas melódicas. Procedentes de Castilla llegaron ministriles, músicos que enseñaron a los indígenas a construir y tocar instrumentos como rabeles, vihuelas, flautas, clarines, cornetas, chirimías, sacabuches y atabales. De tal forma, los colegios anexos a los monasterios fueron los encargados de la educación del pueblo mexicano durante el virreinato.

Cabe señalar que culturas tan diferentes convergieron en el gusto por la música y el arte, resaltando la alta sensibilidad del pueblo mexicano, que a partir de este proceso generó una estética propia y una presencia prospectiva como una sociedad mestiza e inclusiva.