Política

Solecito y autoridades basura

agosto 10, 2019

El jueves pasado, el colectivo Solecito dio por terminadas sus tareas en el predio Colinas de Santa Fe, hasta ahora el conjunto de fosas clandestinas más grande descubierto en el país. Esto fue posible porque las mujeres y hombres que forman el colectivo recibieron en 2016 un plano improvisado pero detallado de la ubicación de algunas de las inhumaciones.

Lo que ha sucedido en el país desde el 11 de diciembre de 2016 obedece no sólo a la racionalidad de legitimar un colosal fraude electoral, sino a que, como resultado de ese fraude, tomó el poder un sociópata que, una vez dejado el cargo de presidente, consistentemente ha mostrado una completa falta de remordimientos, empatía y culpabilidad.

Doscientos noventa y ocho cráneos y poco menos que 23 mil restos óseos fueron localizados en un solo predio. Desde entonces y hasta hace apenas unos meses, el principal instrumento de la gestión de poder ha sido el terror. El gobierno de Felipe Calderón ocultó al público hechos como la matanza de Allende ocurrida en 2010 pero hecha pública hasta el 2014. Al final de su sexenio la contabilidad superaba 121 mil homicidios. Seis años después, con Peña Nieto, las muertes por violencia criminal superaban 128 mil; datos del Inegi.

La mayoría de los medios de comunicación fueron silentes, omisos o apenas informativos. Desde luego existe una crisis forense tremenda que por sí misma es una crisis humanitaria. A la que se suman la de migración y la misógina.

Esto es producto de una forma particular de hacer las cosas. Una forma a la que le tiene sin cuidado el sufrimiento de las madres, o los hijos o cualquier tipo de víctima de la malhadada convergencia entre las empresas criminales y los gobernantes.

El colectivo Solecito es la conciencia viva e incómoda del Estado mexicano y del estado de Veracruz. Son ellas y los hombres que las acompañan quienes desnudan la crasa ineficiencia de un fiscal que en los tres años que tiene en el puesto deliberadamente ha hecho nada, en absoluto nada, para adecuar la fiscalía a los imperativos de la crisis. La fiscalía con Winckler y su antecesor al frente son mucho más que ineficientes. Son cómplices. En el mejor de los casos lo serán por omisión pero se puede pensar también que lo son por deliberación.

La permanencia de un fiscal plástico con casi 100 por ciento de denuncias que no prosperan lo indica. Se integran poco más de 80 mil carpetas de investigación que se vinculan a proceso de un total de más de 2 millones expedientes integrados que quedan en eso, en papel.

Atenidos sólo a los números la conclusión es relativamente sencilla: la complicidad crimen-autoridades ha sido tan integral que convirtieron al Estado mexicano en un narcoestado. Winckler con su penosa eficacia ha tenido un papel definitorio en la delirante degradación de la justicia en el estado.