Política

Poder y autonomía

agosto 09, 2019

El Poder es un enigma largamente estudiado y pocas veces entendido. Despierta la fascinación de todas las culturas y tiene las más diversas expresiones. Hay explicaciones biológicas, sociológicas, políticas y jurídicas, y además hay fenómenos de relaciones de Poder, que simplemente no tienen explicación.

Por eso no dudó Foucault en decir que "El Poder es una bestia magnífica", mientras que siglos atrás otros autores como Hobbes intentaron explicar que "a ese lobo del hombre" hay que domesticarlo. Que hay que cuidar al hombre de sí mismo.

El Poder está relacionado con la capacidad de influir sobre la voluntad de otros, condicionarlos, plegarlos a otra voluntad superior. Legítima, dirían los defensores del Estado moderno. Sumisión voluntaria, racional, dirían quienes construyan la idea tan necesaria del Estado Constitucional, pero, a fin de cuentas, control social.

Por eso la idea de "Autonomía" y "Poder" tiene de entrada, una relación compleja: el Poder desea controlar, la autonomía quiere liberar.

La Universidad se resguarda a sí misma, conceptualmente, como un lugar libertario, de enseñanza y producción de conocimiento. Esa condición políticamente la tendrá siempre del lado del control del Poder, que por naturaleza siempre querrá expandirse, entrar, pesar, influir o incidir.

La Universidad ha sido desde el siglo pasado un refugio del pensamiento libre en las etapas autoritarias que, con mayor o menor medida, ha tenido el mundo occidental. Tenía que ser en una Universidad donde Unamuno le dijera en su cara al franquismo que "podrá vencer, pero nunca convencer", en la legendaria anécdota salmantina.

La Universidad es autonomía y por ello su condición hacia el poder siempre será contestataria.

Se hacen vigentes estas reflexiones porque hace unos días, la Universidad Nacional Autónoma de México realizó la entrega del Premio Autonomía, a personas e instituciones que han hecho valer esa condición, distinguiendo a la rectora de la UV, Dra. Sara Ladrón de Guevara.

Con esta presea se reconoció la defensa que hiciera hace un par de años la propia Universidad de sus recursos y que llevó a miles de universitarios a las calles, y abrió una etapa importante que consolidó la mayoría de edad de nuestra institución y puso fin a una tutela silenciosa, al menos en temas económicos, respecto al Poder.

Esta lucha ha pasado al orden jurídico vigente y la UV cuenta con un presupuesto progresivo, además de tener un porcentaje mínimo permanente que garantiza la protección de su finalidad y el cumplimento de sus objetivos y teleología.

Si bien no todo está dicho y falta mucho por hacer, llegar a los 75 años con vigor y practicando la autonomía es un buen principio. Ese es un logro de todos los universitarios. De los maestros que llegan puntualmente a clase, de los alumnos que se superan todos los días, del personal administrativo, de los abogados, investigadores, del liderazgo de las autoridades universitarias, del Consejo Universitario y su rectora, quien además es la primera mujer en ocupar la titularidad de la Oficina de las Lomas del Estadio.

El premio es la visibilización de nuestra comunidad, pero como los campeonatos, tendrá que refrendarse con frecuencia de su retador más asiduo, de su alter ego, de su antihéroe: el Poder.

*Catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Veracruzana

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