Sociedad y Justicia

Se pierde tradición de parteras en la Sierra de Zongolica; quedan 18 mujeres en región

agosto 08, 2019

Zongolica, Ver.- En una zona agobiada por la pobreza y la marginación, el trabajo de las parteras empíricas es un aliento para las familias de escasos recursos económicos. Su trabajo ha salvado cientos de vidas tanto de recién nacidos como de mujeres parturientas; por lo que se cuenta, su labor es de las más reconocidas por ancestral, viene de generación en generación, aunque paulatinamente empieza a extinguirse.

La labor de las parteras o comadronas, es más que delicada. En ellas está la responsabilidad del nacimiento de una nueva vida, aun y con todas las complicaciones que esto pudiera tener. De ellas, en muchas ocasiones, depende la vida, no únicamente del que está por nacer, sino incluso de la madre, pero las estadísticas más recientes revelan que las muertes maternas, especialmente en las zonas indígenas, vienen a la baja, precisamente por el trabajo que realizan en medio de carencias.

Esperanza Mazahua Romero, partera del municipio de San Juan Texhuacan y María Florencia Matilde Méndez Coxihua, comadrona del municipio de Zongolica, platican la historia de su labor, en la que presumen, las dos, que a ninguna de ellas se les ha muerto o un recién nacido o una parturienta, según cuentan:

"Nunca se me ha muerto un bebé en mis manos, tengo 67 años y nunca ha sucedido, todos los que he recibido viven, pero hay que estar al pie de las mamás, revisar al niño al momento de nacer, que no tenga vómito, que respire bien", dice una de ellas. La otra Matilde Méndez igual presume su labor:

"Los que nacieron en mis manos, ya son grandes, ya tienen sus familias y yo saqué a sus hijos, los volví a atender. Yo tengo 82 años, y trabajando como partera 40. Es una actividad que viene de hasta la tercera generación atrás. Mi abuela fue partera, mi madre me enseñó y yo ahora se lo paso a mis hijas y nietas".

Su trabajo no es nada fácil. No se trata únicamente de estar presente al momento del parto. No, es una labor que inicia desde meses antes, y cuando ya se atiende el alumbramiento, se deben tomar en cuenta factores que avisen de una posible complicación:

"Un parto es muy delicado. Debemos checar el sagrado del bebé, como está la persona, si el sangrado es oscuro, ya el bebé no vive, si es rojo aún vive, debemos tener en cuenta todos esos detalles y si hay complicaciones la debemos llevar al médico para que la atienda. Nosotras no le damos medicamentos, eso lo debe hacer el médico.

Hay casos que deben ser atendidos y enviados al hospital, "si veo que algo viene mal, si está muy pálida o tiene sangrado debe ser enviado lo más pronto posible al hospital porque se puede morir".

Su trabajo no termina al concluir el parto. Va más allá. Ellas son las encargadas de, ahora, darles el cuidado a las recién madres en un cuidad que lleva más de 40 días, "las recién parturientas deben ser cuidadas por lo menos los 40 días, deben someterse a una dieta muy estricta, que van a comer cualquier cosa. Hay que cuidarse, no pueden levantar pesado, deben comer con mucho cuidado, sino se generan problemas después de parto, deben estar en cama y con ello no tengan mayores problemas".

Antes de tener los servicios médicos, cuentan, "las atendíamos en casa, con hierbas que eran las que nos ayudaban a dar mejor atención, ocupamos laurel, axocopa, romero, tzompite y otras hierbas con las que atendemos los partos".

Sin embargo, esta labor tradicional en la sierra de Zongolica y con muy poco auge en la zona urbana, empieza a perderse, tan es así que en la serranía apenas si quedan 18 mujeres dedicadas a la labor.