Política

Corrupción dentro del Instituto de Migración

agosto 07, 2019

El Instituto Nacional de Migración (INM) ha tomado notoriedad desde el ingreso de las caravanas migrantes. La migración desmedida y descontrolada que está viviendo México ha sobrepasado a los agentes migratorios, han sido víctimas de los extranjeros, los han golpeado porque no quieren acatar los tiempos ni las formas de la ley migratoria.

Cabe señalar que la falta de presupuesto, personal y corrupción quedó al descubierto. El INM vive dos situaciones: los abusos que tienen los trabajadores y las células de corrupción que hay dentro del instituto. Hay ex empleados que al día de hoy se han convertido en "gestores y abogados" de migrantes que cruzan por el territorio nacional o desean quedarse en México.

Abusos de los altos mandos dentro del Instituto

En entrevista (por motivos de seguridad se omitirán nombres) empleados comentan: "trabajar en el Instituto ha sido un cúmulo de experiencias y aprendizajes, no todo es aseguramiento de extranjeros irregulares en el país. En muchas ocasiones debes escuchar ‘para eso no hay partida’, ‘eso no lo podemos comprar/pagar’; hay que poner de nuestra bolsa. Otro problema, por lo menos para los que no somos jefes, es la falta de viático. Por tanto, debemos de cumplir con la comisión con nuestro propio recurso, presentar facturas y esperar. Incluso en ocasiones hay que cubrir otra comisión aunque todavía no se pague la anterior.

"Ha llegado el momento en que debemos de comprar nuestros enseres básicos de limpieza (cloro, papel higiénico, etcétera). ¡Vaya! De nuestra bolsa hemos arreglado el vehículo oficial. A los de arriba no les importa pero debemos dar resultados, no saben las carencias que pasamos. Nos llevamos los reclamos hasta groserías del usuario.

"El Instituto de Migración está compuesto por personas que trabajan sin horarios fijos, no nos dan uniformes seguidos, el ultimo que nos entregaron fue al inicio del gobierno de Peña. Si no te quedó, consigue algo que se parezca. Es la respuesta de los jefes".

En otro punto está la corrupción que se ha desbordado en estos ocho meses. Existen ex empleados que junto con personal activo cobran por servicios que son gratuitos; llenan formatos que no corresponde con la situación del extranjero, como se diría coloquialmente meten goles.

Las calles que rodean las estaciones migratorias se han convertido en una selva, en donde los cazamigrantes acuden día a día a ofrecer sus servicios de regularización, amparos y visas humanitarias.

El modus operandi radica en victimizar a los migrantes. Los gestores van a los ministerios públicos y les consiguen un acta donde consta que los asaltaron. Con ese documento les facilita obtener alguno de los documentos ya mencionados. Al acta del Ministerio Público, les sacan copias y las distribuyen con el resto de los "clientes".

Ex empleados se convierten en abogados de migración

En la delegación de Coatzacoalcos se encuentra Rosa Naime Reyes Rivas, ex trabajadora del INM. Junto con sus secuaces Viviana Caporal y Hermann Gagstatter Tapia han tejido una red con actuales agentes migratorios.

Utilizan direcciones falsas, en donde supuestamente viven los extranjeros, así como correos electrónicos. Citan a sus futuros clientes en distintas partes de la ciudad, se niegan a decir la dirección de sus oficinas. El precio varía de acuerdo con el trámite. Por ejemplo, por un NUT, es el Número Único de Trámite, con el que se queda registrado a nivel nacional, lleva nombre, nacionalidad y otros datos del registro. Al mostrárselo a Migración en una revisión los dejan seguir. Esto cuesta 10 mil pesos por persona y cuando son acompañados por un menor, 18 mil.

Me hice pasar por migrante hondureña para tener contacto con Rosa Naime. Me dijo lo siguiente: "Te voy a dar un documento con el que puedes viajar, a menos de que quieras una tarjeta; pero esa tarda un tiempecito, como mes y medio o dos. Te estoy hablando que los documentos que yo saco son legales, entonces son tardados porque pasan por varias instancias, para que yo pueda entregarte satisfactoriamente los documentos".

Al preguntar por la dirección de la oficina respondió: "Mira yo te daría todos los datos en cuanto me digas si te interesa o no. Ya sería formalizar el trato; te daría mi ubicación y todos los pormenores. El documento te lo entrega directamente Migración".

En Veracruz se encuentra Zelfa Álvarez Olivier, cuyo despacho se encuentra en el centro. También ex empleada del INM, ella se anuncia como abogada de migración, una colombiana es quien contesta el teléfono de su oficina.

Zelfa Álvarez cobra por un amparo 20 mil pesos, este documento permite al migrante transitar libremente.

Estos grupos cobran hasta 5 mil dólares por regularizar a los cubanos.

Uno de los nombres que se escucha con fuerza dentro del INM veracruzano es el de Carlos Alberto Niño Tejedor, jefe del Departamento de Regulación Migratoria. Es señalado por sus subordinados de presionar para que los documentos salgan lo más rápido posible, sus alianzas llegan hasta Coatzacoalcos.

Un ejemplo de lo citado anteriormente es el siguiente: Carlos, un guatemalteco que dice ser bachiller en ciencias y letras, cuyo padre posee 20 mazones de tierra, dijo ser turista ya que desea conocer el país. Sin embargo, pidió asilo político.

No quiso llegar visado porque dicho trámite tiene un costo. Al presentar ante las autoridades del INM el formulario, no supo decir quién ayudó a llenarlo ni de quién es el correo electrónico que ahí aparece.

Dijo a ver sido asaltado. En el acta del Ministerio Público no tiene ningún tipo de detalle de lo sucedido, además de que es una copia, no el original.

Carlos junto con el grupo que estaba, dijo que fue trasladado por un taxista. Un punto a resaltar es que existe un red de taxistas dedicados a llevar indocumentados, de la frontera hasta las estaciones migratorias, y los ayudan a contactarse con los "gestores".

Hondureños que están instalados en Estados Unidos mencionaron que para poder pasar sin problema, el pollero los traslada en un autobús que ellos llaman "pullman". Declararon que les dan un número que le tienen que decir al agente migratorio, el cual va cambiando conforme van avanzando. Por lo tanto, no tienen ningún tipo de peripecias al llegar a la frontera.