Política

En torno al duelo

agosto 06, 2019

La región norte del continente comprende la coexistencia obligada de dos regímenes y concepciones de gobierno y Estado completamente distintas. Por un lado, esa versión bruta, ridícula, de un neoliberalismo popular sui generis que favorece a las grandes corporaciones y a los bancos; por el otro, el gobierno mexicano que, a contrapelo, la ha emprendido con una cascada de medidas económicas contra cíclicas antitéticas al neoliberalismo que entienden al gobierno y al Estado como el factor principal para lograr y asegurar los equilibrios sociales y económicos. Esto, en un contexto de exacerbación económica por la guerra tarifaria emprendida por el actual gobierno estadounidense. Una guerra que, de no arreglarse, tendrá consecuencias severas para el planeta y que para México tendrá igualmente efectos y consecuencias severas. Por lo pronto, hacia el mediodía de ayer, el dólar estadounidense llegaba casi a los 20 pesos en el mercado cambiario.

La diferencia no es menor. Implica un inmenso rango de diferendos y temas potenciales de conflicto que a su vez son puestos en tensión agregada por el lenguaje de confrontación del presidente estadounidense. La situación creada por éste ha llevado a un hombre a viajar varias horas desde Dallas hasta El Paso con el único propósito de parar la invasión migrante proveniente de México y de la cual el presidente Trump culpa al país. Ése fue el eje articulador de su primera campaña por la presidencia y que le ganó una inmensa cantidad de simpatizantes blancos de bajos ingresos. El presidente estadounidense es un racista congénito que en diversas ocasiones se ha permitido comentarios y juicios disruptivos de los principios elementales de convivencia. El dolor causado a las víctimas tiene color: casi todas son mexicanas o de origen mexicoamericano. El perpetrador buscó el lugar de mayor concentración pública de personas con ese origen, El Paso, y el punto donde se concentran. El presidente norteamericano ha condenado la masacre de forma ofensivamente hipócrita. Ha sido él quien ha creado el ambiente de toxicidad con sus decisiones. No hay la mínima duda al respecto.

Paradójicamente, esto pone a México y su gobierno si bien en una situación difícil, también en una posición ventajosa para incidir en las condiciones que impidan que Trump se reelija. Suman dos años en los que éste incita con sus acciones a la población blanca a pasar a la acción en contra de los migrantes. El gobierno mexicano muy probablemente demandará al norteamericano por terrorismo. Será, en caso de concretarse, una acción inusual que pondrá a los Estados Unidos a considerar el imperativo de un control mucho más estricto de armas. Pero más allá de eso, la sola demanda y su cobertura en los medios de comunicación pondrá a la población norteamericana a reflexionar en las consecuencias de Trump en la presidencia. Es un hombre que puede ser desaforado; si no han empezado el proceso es por el cálculo de no victimizarlo en tiempos electorales. El hombre es candidato a prisión por el escándalo del reporte Mueller y muy probablemente por razones fiscales. También para él es mucho lo que está en juego; puede ser juzgado por traición. México tiene entonces forma de hacer daño de forma oblicua. En una estrategia de la aproximación indirecta, como llamó en 1941 el capitán Lidell Hart, verdadero pergeñador de lo que los alemanes bautizarían como "guerra relámpago" con los mariscales Rommel y Guderian como instrumentadores geniales del ejército británico.

Sacar la discusión del nivel de mera opinión y llevarla al terreno legal mantendrá y orientará con bastante mayor probabilidad las decisiones del electorado demócrata estadounidense que en las elecciones pasadas no votó porque le parecía que Trump no podía ganar.