Política

Sociedad misógina

julio 23, 2019

La visita del presidente López Obrador este fin de semana se dio en el contexto de violencia habitual que padece el estado desde hace ocho años. Violencia primigenia, profunda y generalizada que se ensaña especialmente en las mujeres. Tres mujeres más asesinadas con saña. Una de ellas policía, que fue apuñalada después de haber sido golpeada; otra fue hallada muerta semidesnuda con golpes en el cuerpo; una más al centro del estado, descuartizada. Misoginia letal ésta de los veracruzanos.

Es tiempo que el gobierno, pero sobre todo, la sociedad veracruzana, acepte de una buena vez que somos una sociedad con severos problemas en su relación con las mujeres. La geométricamente creciente violencia patológica contra las mujeres que ha explotado desde hace una década en Veracruz es atribuible no sólo al escalamiento de la violencia por la guerra intestina contra las drogas; sino que tal expresión de violencia feminicida es resultado de problemas severos en la configuración de la psique masculina veracruzana y sus determinaciones edípicas.

Asunto que va bastante más profundo que la observación estadística. Es un asunto de determinantes en la formación social y de valores. Aspectos inexistentes en la educación neoliberal. El temor traumático constante en una guerra intestina entre bandas delincuenciales, conduce a la exacerbación de las relaciones de odio. Si el objeto o causa del rechazo hacia las mujeres es la madre y eso permanece irresuelto en un contexto general de violencia, es casi natural que eso exacerbe los odios traumáticos por frustración o maldita la cosa.

Las soluciones policiacas no son suficientes, es necesario diagnosticar con precisión la patología y actuar en consecuencia. Y parece no haber duda que la reconstrucción del tejido social pasa obligadamente por aceptar sin joterías que la veracruzana es una sociedad enferma.

Pero la patología en realidad es nacional y generalizada, no puede olvidarse el caso de Ciudad Juárez.