Política

Desechables, migrantes

julio 22, 2019

En el mundo se configura desde hace varios lustros una tragedia humanitaria mayúscula. Es el resultado de las decisiones de reducción del papel del Estado como corrector y compensador de las distorsiones del mercado y, paralelo a esto, de las políticas de abandono de grandes masas de población empobrecida en todo el planeta, que por pobreza integral o violencia se ven forzadas a escapar de un destino de violencias aseguradas, ya sea por parte del Estado o por parte de los grupos, bandas y organizaciones corporativas criminales.

Sucede en África que ante la perspectiva de atravesar a pie el desierto del Sahara para llegar al norte del continente y el Mediterráneo, miles de personas prefieren treparse en un bote no apto para la navegación para tratar de llegar a Europa o las Islas Canarias, en la mitad del Atlántico. Sucede en México, paso obligado de centroamericanos en su camino hacia Estados Unidos, aunque en general casi la mitad de ellos en realidad busque quedarse en México.

Se reporta un descenso en el tránsito de indocumentados, resultado atribuible a las políticas de recuperación del control de la frontera sur. Falta por ver desde luego el cómo tomará el presidente norteamericano los datos. La probabilidad de que mantenga de algún modo la amenaza de la presión sobre México y los indocumentados es alta.

Los gobiernos de los países centrales simplemente no parecen tener las capacidades ni la disposición para entender que resolver la migración ilegal no pasa tanto por la contención física, la aprehensión o el cierre de las fronteras, sino en crear condiciones favorables para la vida y el futuro humanos en los países expulsores. Eso implica un trabajo muy serio en diversos niveles, desde el diplomático multilateral, el bilateral, y el político social, además del policiaco, dirigido al desmantelamiento de las organizaciones criminales de tráfico humano.

A vuelo de pájaro, 24 mil personas desaparecidas, cerca de 60 mil asesinatos; quedan por identificar cerca de 25 mil restos según cifras de PGR y CNDH.

El Comité de Familiares de Migrantes de El Salvador (Cofamide) registra al menos 350, el Foro Nacional para las Migraciones de Honduras (Fonami) 600 casos, las organizaciones de Guatemala registran un número mínimo de 150 casos y aunque en México no hay cifras claras sobre migrantes desaparecidos, la CNDH ha reportado 20 mil secuestros de migrantes en dos periodos de seis meses. Las personas migrantes desaparecen en su tránsito hacia los Estados Unidos y las familias, que viven en Centroamérica –en su mayoría madres y esposas– sufren ante la imposibilidad de incidir en la búsqueda o en la investigación ya sea porque no viven en México o porque no existen mecanismos coordinados entre los países de la región que hagan esa tarea y atiendan las necesidades de estos grupos. De ahí el imperativo de las en caravanas para atravesar el país a denunciar y realizar por sí mismas la búsqueda.

Hacer nada es condenarlos a la muerte lenta, sumidos en la desesperación y el desgarre de la certeza de que o lo toman o de cualquier forma mueren.

Demasiado sufrimiento y miedo para que una sociedad emproblemada y dolida por sus propias tragedias y muertos lo encaje sin consecuencias.