Política

Reeducación

julio 21, 2019

Ya se ha dicho en este espacio editorial que el daño causado por los tres gobiernos estatales previos al actual es monumental. Si las matanzas, la violencia contra minorías y contra las mujeres, la democratización de la pobreza y sus causas fueran insuficientes para descalificar y reprobar por completo la gestión de 14 años de prianismo, basta asomarse a la proporción que la economía informal tiene en el Producto Interno Bruto del estado

Casi el 23 por ciento del PIB durante el primer año de gobierno de Miguel Ángel Yunes, y esto fue generado por punto más del 57% de la población ocupada. De esta manera, por cada 100 pesos generados de PIB del país, 77 lo generan el 43% de ocupados formales, mientras que casi 23 pesos los generan el 57% de ocupados en informalidad. Pero esto no es más que una pequeña pincelada de lo que implicaron y de las consecuencias que aún quedan por cumplirse. El país está en ruinas y no en el sentido figurado. Las políticas instrumentadas dejaron un impacto traumático muy profundo en la población, que tiene expresiones patológicas laterales igualmente muy profundas. La epidemia feminicida habida en el estado es uno de ellos.

Es verdad que es imperativo reactivar el mercado interno sobre la base del mejoramiento sustantivo del ingreso. También es verdad que hay que hacerlo con visión de futuro, y eso implica ir pensando y haciendo las primeras aproximaciones a la transición tecnológica. El rescate de Pemex lo permitirá a mediano plazo, pero no antes de cinco años. No hay espacio para la duda, el cambio tecnológico en materia energética es imperativo e inaplazable.

Esto, para que sea posible, implica una sociedad preparada, motivada pero sobre todo comprometida con esa evolución económica.

Rescatar y traer a primer plano de la discusión nacional valores básicos de convivencia es el primer paso para construir un ambiente social diferente al que hemos vivido durante varios lustros. La sobrevivencia no sólo depende de reactivar la economía y el mercado interno para sacar a millones de la pobreza, sino de hacerlo de forma medioambientalmente protectora. Para eso es imprescindible contar con una sociedad colaborativa con la disposición, más allá del sufragio de castigo, de comprometerse en la construcción de una sociedad diferente. Es necesario educar y reeducar en valores y comportamientos colaborativos. Dicho en breve, desmontar la ideología neoliberal del éxito, del consumismo egótico, de lo desechable.