Cultura

La reconformación del arte

julio 21, 2019

A lo largo de la historia, el hombre emprendió la búsqueda de su identidad, con la conciencia de cuestionar y provocar respuestas; y en esta búsqueda, al mirar algo inquietante, se sorprende, reflexiona e inventa algo que no existía: el arte.

Partiendo de que el conocimiento se construye en sociedad sobre las bases de la comunicación y el diálogo, cabe señalar que la actividad artística es específicamente humana y responde a una doble necesidad: individual y colectiva, vinculada con la necesidad de recreación y expresión de las experiencias de vida. El arte posee estructuras y códigos propios que pueden ser visuales, auditivos o kinestésicos, lo cual le ha permitido ser transmisor insustituible de emociones, sensaciones y sentimientos. Desde la antigüedad, las sociedades han accedido mediante manifestaciones artísticas al conocimiento de la naturaleza, del cosmos, de la vida y de la muerte.

Por su parte, el artista habita en una sociedad y en un tiempo determinado, y es a partir de este entorno que surge el sentido de su vocación, su perspectiva del mundo que plasma en la obra. De tal forma, cuando la obra está concluida se desapega de su autor, siendo capaz de abrirse a nuevas lecturas como un signo que condensa, en sí mismo, todos los sentimientos del ser humano, y que en su ser tiene la capacidad de contener lo infinito en lo finito, y abrirse a múltiples interpretaciones a través del tiempo.

Los griegos consideraban a las artes como hermanas que procedían de un mismo origen, y que por lo tanto, interactuaban con igual dignidad; dentro de su mitología correspondía a las musas, las nueve hijas de Zeus y de Mnemosyne, encargarse de las artes; ellas eran: Calíope, musa de poesía épica, Clío, musa de la historia, Erato, musa de la poesía elegiaca, Euterpe, musa de la poesía lírica y el canto, Melpomene, musa de la tragedia, Polimnia, musa de la poesía sagrada, Terpsicore, musa del canto coral y la danza, Talía, musa de la comedia, y Urania, musa de la astronomía. Las artes se concebían interactuando en armonía como expresó el filósofo Damón: "El canto y la danza surgen necesariamente cuando se conmueve de alguna forma el espíritu". A partir del siglo I se catalogaron como artes liberales, conformadas por el trívium, las artes de la palabra: gramática, retórica y lógica; y el quadrivium, las artes del número: aritmética, astronomía, geometría y música. Durante la Edad Media la fusión de elementos greco-romanos y germanos, amalgamados con el cristianismo, retomó el uso de las artes liberales. El arte medieval se convirtió en un puente hacia la trascendencia, sobrepasando los límites temporales entre la muerte y la eternidad. La concepción estética medieval se regía sobre los tres principios de Santo Tomás: integridad, claridad y proporción, de tal forma la obra debía ser útil y buena para ser hermosa. El Renacimiento modificó el paradigma estético hasta centralizarlo en el hombre como medida y proporción de todas las cosas, y el Barroco resaltó la fuerza de las pasiones en el arte. Por su parte, el clasicismo nació apolíneo, cimentado sobre la forma, la estructura y la proporción; en contraparte el Romanticismo fue dionisiaco, la emoción se manifestó contra la razón, en que el hombre se concibe como un ser libre con voluntad propia; como Prometeo que finalmente había retado a los dioses.

En contraste, durante el siglo XX, el artista buscó nuevas propuestas, utilizó lenguajes polisémicos sustentados en la percepción fenomenológica del arte; donde el observador es consciente del objeto estético a partir de su percepción, la obra ya no se concibe como un objeto inmutable, la recreación se centra en el espectador.

El arte se manifiesta como un fenómeno, en el sentido en que se presenta a sí mismo, aparece y revela un mundo a partir de lo que muestra y también de lo que no muestra; la obra de arte posee la capacidad de desarrollarse en distintos planos y tener funciones diversas que permiten acceder a su estudio desde una postura filosófica, estética, antropológica y hermenéutica. Por tanto, contiene en sí misma la capacidad para abrirse camino en la realidad y renovarla, a partir de su contenido. De tal forma, se convierte en imbricación viva de todos los sentimientos, angustias y talantes del hombre, trascendiendo en el tiempo.