Política

Partidos a prueba

julio 19, 2019

La decisión del diputado local de Acción Nacional, Sergio Hernández Hernández, de separar a dos legisladores de la bancada del PAN, viene a desvelar la soterrada lucha que por el control del partido sostienen distintas facciones emanadas del reciente proceso electoral, y que se da en un momento de extrema debilidad, en lo general, de los partidos políticos del país.

Junto con la resolución del Tribunal Electoral de anular la reciente elección por la dirigencia en la que resultó ganador José de Jesús Mancha Alarcón, la decisión del colegiado representa para un grupo político en particular –el que dejara incrustado el ex gobernador Miguel Ángel Yunes Linares y que le sirviera de respaldo para decidir a su libre albedrío candidaturas a alcaldías, diputaciones, senadurías, y por supuesto, a la gubernatura en la que logró colocar a su hijo– la antesala de un proceso de sustitución de cuadros dirigentes que, como es natural, tendrá efectos sustantivos en la manera en que se habían decidido las postulaciones.

Es lógico suponer que también ello conllevará la pérdida del control que el grupo yunista aún tiene sobre consejeros, la coordinación de la bancada blanquiazul y del CDE, con lo que se abre una nueva etapa en la que teóricamente, las decisiones se tomarán con base en rentabilidad electoral y no por intereses familiares o componendas grupales, por las que al final de cuentas, el partido Acción Nacional pagó un elevado costo.

Lo mismo acontece con el PRI, donde la elección de la nueva dirigencia fragmentó la escasa unidad que aún prevalecía entre los reductos de muchos de sus seguidores. El mismo partido en el poder, Morena, atraviesa por una compleja circunstancia motivada tanto por las ligerezas de su dirigencia nacional como por la inexperiencia de los nuevos cuadros dirigentes, pues tanto la mayoría de los comités estatales como en el nacional, quedaron vacíos al ser reclutados por la nueva administración federal.

Lo anterior es poco conveniente para la salud de la vida democrática del país. Se necesita de una oposición que encare al partido en el poder de forma congruente y certera en sus señalamientos, pues los comicios de julio del año pasado le dieron a Morena una posición avasallante que, mal entendida, puede convertirse en un problema, dado que ninguna fuerza política es capaz de forzarla a mediar y a reflexionar con serenidad sobre el uso racional y razonado de la abrumadora mayoría que colectó en las urnas.

Los partidos políticos deben asumir su responsabilidad histórica, aprender de la nueva forma de hacer política que la ciudadanía les impuso y dejar de lado aquella vieja mecánica en la que de forma automática se tomaban decisiones sustantivas, como son las de elegir autoridades simplemente para cubrir compromisos cupulares o en el peor de los casos, familiares. El cambio que requiere el país necesita a nuevos partidos con una nueva visión, pues la democracia los ha puesto a prueba.