Política

Migración: soluciones extremas para una emergencia continental

julio 12, 2019

Para los migrantes centroamericanos que deciden emigrar a los Estados Unidos, en muchos de los casos junto con sus familias, emprender tal decisión se convierte en una peligrosa circunstancia de altísimo riesgo, acaso aún mayor en términos de seguridad y precariedad de las que salen huyendo de sus países de origen, pues al ingresar ilegalmente primero a México se encuentran en muchos casos a merced de autoridades migratorias corruptas y de grupos delincuenciales que los secuestran o reclutan forzadamente para nutrir sus filas de sicarios.

Este fenómeno de consecuencias continentales, se da particularmente en Honduras, y ha sido catalogado por expertos como uno de los primeros movimientos de despoblamiento de una región continental producto del cambio climático y la consecuente acentuación de la pobreza, que se ceba en aquellas naciones que además presentan altos índices de crecimiento demográfico.

Aunque no es nuevo –pues la ola migratoria proveniente de países caribeños y de América Central hacia el norte del continente, viene dándose hace ya muchos años, particularmente en la década de los 70, huyendo de la represión de gobiernos militares en el caso de Guatemala, El Salvador y Nicaragua, o de la proliferación de grupos delincuenciales, la pobreza e inseguridad, como en Honduras, a partir del último tramo del siglo pasado–, desde un par de años atrás se ha convertido en un problema regional.

En ello ha contribuido de manera significativa la postura aislacionista de Donald Trump, quien aprovecha resabios de profunda raigambre racista en su núcleo duro de votantes para soltar una verborrea segregacionista que ha tenido en las amenazas de boicot económico y construcción del muro fronterizo, un pernicioso efecto colateral para el gobierno mexicano.

Ahora, en plena precampaña para buscar su reelección, el gobernante estadunidense ha endurecido aún más su prédica, complicando las cosas para los migrantes, pues a lo anterior hay que agregarle el nuevo giro de la política nacional migratoria que ha complicado las facilidades que antaño tenían los miles de personas que pasaban sin mayores problemas por territorio nacional.

No obstante lo anterior, el flujo de personas es imparable; a las dificultades extremas están tomando medidas igualmente extremas con las consecuencias lógicas en términos de riesgos personales. Se ve complicada una solución a corto plazo. Es de esperarse que los gobiernos de aquellas naciones tomen acciones concretas en inversión social y de seguridad, para impedir esa sangría que de no contenerse, podría generar un problema de consecuencias sumamente negativas para nuestro país.