Política

Mientras tanto, desde el reclusorio norte

julio 10, 2019

Imposible ignorar la singular declaración del ex gobernador Javier Duarte otorgada al diario Reforma. Es una joya sintetizadora del nivel de decadencia e integración orgánica de la corrupción de las élites que gobernaban Veracruz y el resto del país.

Algún impensado estímulo puso inquieta la mente del ex gobernador veracruzano que decidió actuar tomándola no tanto contra el sistema que lo crio y creó, sino específicamente contra la persona que, en su entender, lo traicionó. Esto es, Enrique Peña Nieto quien, a decir del ex gobernador, lo extorsionaba para protegerlo. Bizarro, calificaba por lo que pasa en una carta al entonces presidente.

La narración de su detención –pactada previamente con Osorio Chong– trae a la memoria el otro penoso caso de la misma saga: el ex gobernador Yunes Linares que en la parafernalia del montaje puesto para la captura en Guatemala de Duarte de Ochoa, semejaba al niño que agitado brinca y levanta la mano para hacerse visible a quien elige para formar equipo en cualquier juego infantil. Para que lo vieran, en un patético esfuerzo por capitalizar en lo que se pudiera la puesta en escena del gobierno federal y que lo dejaba llanamente al margen de la posibilidad de hacerlo. Algunos barruntos hizo en el estado, pero nada que hacer.

Tanto por el recuento de sus acciones, como por sus declaraciones y decisiones actuales, los ex gobernantes se exhiben decadentes y flatulentos en sus miserias, rivalidades, reclamos y muestras de agresión. Como gatas en celo, esponjosas y bufadoras.

Y faltan cosas por ver.