Política

Explicaciones obligadas

julio 07, 2019

En periodismo electrónico y en redes sociales empiezan a circular varios cuestionamientos al Presidente de la República por lo que parece ser una alianza con Iglesias cristianas. Entre la reciente renta del Palacio de Bellas Artes para celebrar el cumpleaños del pastor de la Iglesia de la Luz del Mundo, Joaquín Naasón, y una alianza con los grupos evangélicos para el reparto de la Cartilla moral hay razones suficientes como para preguntar seriamente qué está pasando. Porque una cosa es la alianza funcional electoral con un partido marginal directamente vinculado con un credo religioso, cosa siempre controversial pero a la que se le puede encontrar cierta racionalidad pragmática, y otra cosa es abrir tal cantidad de espacios y participaciones activas en programas de gobierno a un credo religioso. Es la antítesis misma de los valores republicanos, del principio básico de la separación de las Iglesias y el Estado.

El presidente Juárez era católico y temeroso de dios, se dice murió con algunos sentimientos de culpa por las Leyes de Reforma. No es difícil que así fuera; Margarita, su esposa, era una mujer piadosa. Pero además del dinero que le urgía, Juárez sabía muy bien la toxicidad del interés de las Iglesias cuando se entrometen en los asuntos de Estado.

El presidente López Obrador parece tener un entendimiento amplio con Evangélicos pentecostales y eso debe ser explicado a satisfacción, no el aspecto de la preferencia confesional, cosa que es del ámbito privado, sino la extravagancia de poner a una confesión religiosa determinada a repartir el código de conducta y las reglas de convivencia social ideales, según los criterios del propio gobierno.