Política

La última oportunidad

julio 04, 2019

En la agitación perpetua de información relacionada con temas de seguridad pública, desempleo, política, migración, entre otros, que reclaman de suyo la atención ciudadana, puede pasar desapercibida una noticia de altísima relevancia pero que por su naturaleza pudiera, en apariencia, no tener mayor interés público que lo anecdótico.

Se trata del descubrimiento realizado por un trabajo conjunto entre investigadores de la Universidad Veracruzana (UV) y el Instituto Tecnológico de Boca del Río (Itboca), con el apoyo del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda) y pescadores de la región. Ellos localizaron siete estructuras arrecifales sumergidas entre Tamiahua y el río Tecolutla y entre Antón Lizardo y la desembocadura del río Papaloapan.

En épocas malas para la biodiversidad, de alarmante depredación ecológica que tiene al planeta al borde de un colapso de inimaginables consecuencias, lo anterior representa una bocanada de optimismo de que no todo está perdido y que, de existir voluntad de los gobiernos, es posible recuperar en la medida de lo posible las condiciones ambientales que a las generaciones mayores nos tocó disfrutar.

Así pues, dicho hallazgo comprende siete estructuras arrecifales que abarcan una superficie de un mil 100 hectáreas, destacando el arrecife coralino Corazones, ubicado frente a la laguna de Tamiahua, con una longitud cercana a los 5 mil metros por 700 metros de ancho, lo cual lo ubica como el más largo así como el más septentrional reportado a la fecha. Según los estudios, el arrecife Piedras Altas, localizado en la desembocadura del río Tecolutla, representa el de mayor superficie con 388 hectáreas.

En tanto que los arrecifes sumergidos no coralinos Los Gallos y Camaronera, ubicados entre Antón Lizardo y el río Papaloapan, cuentan con ecosistemas relevantes para la fauna marina como esponjas, algas y otros invertebrados.

Con todo y su relevancia, de acuerdo con especialistas del Instituto de Ciencias Marinas y Pesquerías de la UV, los arrecifes descubiertos no son reconocidos oficialmente por las autoridades mexicanas, por lo que carecen de protección al no ser consideradas Áreas Naturales Protegidas (ANP).

Peor aún: de acuerdo con el maestro Leonardo Ortiz, esas reservas de vida marítima pudieran estar dentro del radio de explotación de hidrocarburos en el Golfo de México, por lo que se gestionará su protección ante la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).

Por lo pronto, la relevancia del descubrimiento pudiera echarse en saco roto si no se encuentra la disposición de las autoridades federales ambientales para garantizar la existencia de la que quizá sea la última oportunidad para que las futuras generaciones puedan apreciar tal maravilla natural.