Política

Debacle

junio 26, 2019

Hace 10 años que estalló la crisis de las hipotecas basura del sistema financiero estadounidense que desembocó en la recesión mundial que persiste desde 2008. El nombre obedece a que se concedieron a personas de escasa solvencia a altos tipos de interés. El colapso de los mercados fue tan drástico que obligó a la Reserva Federal –y al Banco Central Europeo– a inyectar cientos de miles de millones de dólares y euros para bajar los tipos de interés. Los bancos centrales se adentraron en aguas nunca exploradas en la política monetaria y fiscal. Fueron medidas de choque que no atajaron las raíces del problema: los bancos estaban infectados con unos productos diseñados por matemáticos financieros que se basaban en créditos de escasa solvencia. Poscapitalismo neoliberal. El país –o los gobernados, que es más preciso– encajó la crisis como pagador.

Fue precisamente en esos años que el gobierno de Fidel Herrera dispuso de la reserva financiera del IPE para maldita la cosa. El resultado es que a la crisis que afectó al país se sumó la extravagancia financiera del ex gobernador quien insistía en bursatilizar la deuda y transferir el dinero público a cuentas privadas. Si eso no hubiera sido suficientemente gravoso para el ciudadano de a pie, literalmente dejó como sucesor a un cleptómano sin mínima noción de pudor. A éste le siguió un gobernador panista dedicado a ser plataforma para dejar literalmente a su heredero que extendería su propio gobierno por otros seis años. Catorce años de endeudamientos públicos obscenos para propósitos fundamentalmente privados que dejaron un déficit en el IPE de casi 12 mil millones de pesos. La historia del neoliberalismo en Veracruz es una historia infame de pretendidos políticos estafadores. A la acción de los tres gobiernos anteriores se suman los pasivos que deudores diversos tienen con el instituto.

Éste es un tema que no sólo no puede quedar en impunidad, sino que reclama llamar a cuentas para quienes tomaron las decisiones que quebraron la economía del estado, vulneraron casi letalmente el patrimonio de miles de jubilados y pensionados. El fiscal no tiene prisa, no está en su interés atender el reclamo ciudadano sino en el de bloquear toda eventual persecución a su controlador. Que no lo haga tampoco con los ex gobernadores priístas prueba que el concepto prianismo no es una abstracción ingeniosa ni un juego de palabras, sino concepto mismo que sintetiza el pacto de impunidad.