Política

Ceteris Paribus

junio 24, 2019

Educación Superior en México: un bien de Lujo para las clases populares

"Donde hay educación no hay distinción de clases".

K'ung-fu-tzu (Confucio)

El acceso a una educación gratuita, universal y de calidad en México sigue siendo un sueño. De acuerdo con la propia Secretaría de Educación Pública (SEP), para el ciclo 2015-2016 sólo tres de cada diez jóvenes de entre 18 a 24 años tuvieron espacio de acceder a la educación superior.

En consecuencia, no es de extrañar que la cobertura en este nivel educativo alcance el 35.8%, cuando en otros países de Latinoamérica supera este porcentaje. Ejemplo de ello son Cuba (95%), Puerto Rico (86%), Chile y Argentina, ambos con una cobertura que ronda el 80%.

En el ámbito estatal, por ejemplo, la demanda de estudios superiores en la Universidad Veracruzana (UV) para el ciclo Agosto 2019-Eenero 2020 fue de alrededor de 45 mil espacios. Sin embargo, la capacidad física actual de ésta fue de alrededor de 14 mil espacios, lo cual significa que 31 mil jóvenes no alcanzaron un lugar. Estos jóvenes quedan condenados, en el mejor de los casos, a incorporarse al sector informal de la economía y, en el peor de los casos, a formar parte del crimen organizado. De hecho, las estadísticas delictivas muestran que los principales muertos en esta batalla contra el narcotráfico han sido jóvenes, a los que se les negó oportunidades de desarrollo.

En este punto, la reflexión que como sociedad debemos realizar es: ¿debe ser el mérito quien decida quién ingresa y quién no al sistema educativo superior?, o ¿debe considerarse el acceso a la educación superior un derecho humano?

La visión que defiende el criterio del mérito parte del supuesto de que todos los individuos tienen las mismas oportunidades en la sociedad, de tal suerte que las diferencias en los resultados se deben exclusivamente a los diferentes esfuerzos individuales. Pero, ¿realmente hay una igualdad de oportunidades en una sociedad como la mexicana? Veamos:

De acuerdo con un estudio de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina) titulado "Panorama Social de América Latina 2016", el 1% de las familias mexicanas acaparan más 67% de la riqueza en este país. En este tenor, el Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas, 2015), al calcular el coeficiente de Gini (indicador para medir la desigualdad de la distribución del ingreso) para Latinoamérica, señaló que México es uno de los más países más desiguales de la región.

Por tanto, lo primero es reconocer que en México existen profundas desigualdades entre los individuos, es decir, no hay un "piso parejo". Como lo sostiene el nobel en economía, Amartya Sen, "la desigual dotación inicial de bienes entre los individuos es el elemento que justifica la existencia de políticas sociales compensadoras de estas desigualdades iniciales". Además, la falta de igualdad sustantiva no sólo genera polarización entre las distintas clases sociales, sino que también mina la gobernabilidad democrática.

La escaza cobertura de las Instituciones de Educación Superior (IES) públicas en el país es un mal generalizado. Propiciado en gran parte por el abandono y la reducción de la inversión pública del Estado mexicano, pero también por el surgimiento de una burocracia dorada al interior de éstas, con sueldos y estipendios que distan ser justificables, hoy la educación superior en México es un bien de lujo.

Así, las excentricidades en los gastos en las IES (camionetas de lujos, el turismo académico, cenas con champagne patrocinadas con viáticos universitarios, el crecimiento de la burocracia al interior de la universidades, entre otras), así como prácticas opacas en el manejo del gasto, corrupción en la asignación de plazas docentes y un sistema oneroso de pagos a líderes sindicales, son temas que también debieran formar parte del debate público acerca de la educación superior pública.

Es claro que los recursos que la sociedad veracruzana brinda a las IES públicas resultan insuficientes, pero también es evidente el manejo ineficiente, ineficaz y poco transparente de gran parte de éstas.

De la misma forma, es necesario discutir la impertinencia curricular de nuevas carreras, en especial en la UV, que más bien parecen responder a intereses de grupo que a una verdadera necesidad de recursos humanos por parte del mercado laboral. Así: ¿de qué sirve que aumente la cobertura educativa con carreras saturadas y que no responden a las necesidades de la nueva economía del conocimiento?

Así, se habla de que hay un problema grave en el tema de la cobertura, pero muy poco han hecho las IES para innovar y ofrecer educación a distancia como un mecanismo para abatir la escasa cobertura.

Hoy no basta que las IES públicas exijan más y más recursos, que al final son devorados por una burocracia incompetente y costosa; se requiere que éstas racionalicen su gasto, lo transparenten, rindan cuentas a la sociedad y ajusten su oferta educativa a los nuevos cambios de la economía del conocimiento, es decir, una oferta educativa responsable y pertinente a los requerimientos del mercado laboral.

alberteconomic@hotmail.com